Nota del Editor: Este documento, escrito con mucha emotividad y nostalgia por su autor, poblador de Pozo del Tigre, refleja datos y hechos concretos de lo que un fue pueblo que creció junto al Ferrocarril General Belgrano y la Ruta Nacional 81, convirtiéndose en un próspero centro ganadero entre 1930 y 1950, destacándose por su arquitectura ecléctica y la importancia del tren que fue clausurado en 1993. Es un ejemplo claro de centenares de localidades argentinas que padecen el atraso y la decadencia por dejarlas sin una vía de comunicación como lo es el ferrocarril.
By Dr. Mario E. Portillo
POZO DEL TIGRE: 120 AÑOS DE HISTORIA, TRABAJO Y ESPERANZA
Pozo del Tigre no nació de la casualidad.
Nació del esfuerzo, del trabajo y del movimiento.
Son 120 años de historia, de generaciones que creyeron que este lugar podía ser un punto de encuentro, de producción y de futuro. Y lo fue. Durante mucho tiempo, Pozo del Tigre fue la segunda ciudad más importante de la provincia.
No por casualidad, sino porque estaba conectada al corazón productivo del país. El Ferrocarril General Belgrano fue mucho más que un medio de transporte. Fue una arteria vital.
Unía Formosa con Salta y llevaba nuestra ganadería hacia destinos mayores, hasta Liniers, en Buenos Aires, donde el trabajo de nuestra tierra encontraba mercado y reconocimiento.
Cada vagón cargado era esperanza. Cada silbato del tren era una promesa de progreso. El cargadero, el brete, fue símbolo de identidad y orgullo. Ahí se veía el fruto del sacrificio de los productores, de los peones, de las familias que vivían del campo.
No era solo un lugar físico: era un punto de encuentro, de economía viva, de comunidad en movimiento.
Y la Estación del Ferrocarril… La estación era el corazón del pueblo. Por allí llegaban noticias, personas, mercaderías, sueños. La estación marcaba el ritmo de la vida cotidiana.
Cuando el tren llegaba, el pueblo se despertaba. Hubo un tiempo en que Pozo del Tigre miraba hacia adelante sin miedo. Había trabajo. Había comercio. Había futuro. Pero con los años, ese movimiento se fue apagando.
No de golpe. No con estruendo. Fue un silencio lento. Cuando el tren dejó de pasar, no solo se perdió un servicio. Se perdió conexión. Se perdió previsibilidad. Se perdió desarrollo.
Y cuando se pierde el movimiento, llega la resignación. Esa es la herida más profunda que puede sufrir un pueblo.
Sin embargo, Pozo del Tigre no es un pueblo vencido. Es un pueblo que fue postergado. La historia demuestra que ya supimos ser grandes. Y eso es fundamental.
Porque nadie puede quitarle a un pueblo lo que ya fue capaz de construir.
Hoy, nuestras calles todavía guardan memoria. Nuestros mayores recuerdan.
Nuestros jóvenes necesitan saber.
Este capítulo no es para quedarnos en la nostalgia. Es para recuperar el orgullo. Porque un pueblo que conoce su historia puede volver a escribir su futuro. Porque Pozo del Tigre no nació para ser pequeño.
Nació para ser un punto de trabajo, de encuentro y de esperanza. Y yo creo, profundamente, que todavía estamos a tiempo.
Dr. Mario Egidio Portillo – Pozo del Tigre – Formosa - Argentina

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