ECONOMÍA… ¿QUÉ ES LA ECONOMÍA?
¿Me debe interesar la economía? ¿Me tengo que preocupar por ella? ¿Es un tema que incumbe exclusivamente a los economistas? ¿Qué es la economía?
Seguramente la respuesta por definición sería que es un conjunto de leyes que regulan la producción, distribución y consumo de las riquezas o bien podría ser considerada como el estudio de la actividad económica. Su origen etimológico proviene del griego oikonomía, que significa administración o distribución de una casa.
Pero, por su profunda incidencia en la rutina de un país, de una familia y hasta de una persona, prefiero el concepto del influyente economista coreano-americano Ha-Joon Chang quien dice que la economía versa sobre “la vida, el universo y todo lo demás”.
Las grandes y profundas revoluciones de la historia de la humanidad han tenido su origen en factores económicos. Las distintas ideologías se fundamentan en la aplicación de las estructuras económicas según la visión más o menos populista.
Desde nuestro nacimiento nos vamos preparando para ser unidades económicas dentro del tejido ciudadano de una Nación. En esta esencialidad radica la importancia de la claridad política en los rumbos económicos que pretenda el gobierno de turno, ya que toda la actividad se acomoda a su orientación y no a la inversa.
El principal sector del teatro económico es el empresarial, que a través de sus diferentes áreas de trabajo son el motor principal del desarrollo de un país. Así, desde la producción primaria se alimenta a la industria que provee al comercio, el que a su vez facilita herramientas para brindar los servicios para la vida social cotidiana, produciendo riquezas que son resguardadas y administradas por el sector financiero y generando múltiples oportunidades laborales. Y así, retroalimentándose permanentemente el circuito, se van generando las condiciones para el progreso social y favoreciendo el contexto para la evolución profesional, intelectual y tecnológica de una comunidad.
Pero, para que ello ocurra, el poder político es quien tiene que señalar el rumbo, que debe ser claro, definido y con objetivos precisos. Decisión que se toma interpretando las aspiraciones del pueblo gobernado y los recursos disponibles, pero jamás por intereses sectoriales o minoritarios.
Para ello, deben estar establecidas las reglas del juego diseñando políticas de Estado a corto, mediano y largo plazo. Políticas que contemplen el desarrollo soberano, independiente y en igualdad de condiciones para todos los habitantes del país, tal como históricamente han practicado las naciones más desarrolladas del mundo.
Ahora, todo esto, ¿por qué le debe interesar al ciudadano común? Simplemente por que lo macroeconómico tiene consecuencias en su vida personal.
Un productor primario que no tiene precio justo, simplemente deja de producir. Sin materia prima suficiente, no es posible industrializar nada. Y sin producción ni industria desaparecen las fuentes de trabajo y en poco tiempo cierran los comercios y sucumben los prestadores de servicios.
En el mundo hay un excedente de producción y una fuerte caída en las demandas, por lo que se han encarado fuertes acciones comerciales con precios de dumping para colocar sus productos y mantener fluido su sistema económico interno, cuidando sus fuentes de trabajo.
Adviértase las políticas económicas proteccionistas de países como China, Alemania, Reino Unido, Francia y más recientemente, de los Estados Unidos.
Es notable el ímpetu comercial expansionista que está ejerciendo la India, quien lidera en nuevas tecnologías, o España en servicios. Ni hablar de China y los países del sudeste asiático, con una mano de obra muy barata y un sistema sofisticado de producción masiva además de una muy aceitada logística de distribución.
Es por ello que todos debemos saber más de economía, para entender qué pasa y por qué nos pasa. Para comenzar a exigir la corrección de rumbos a nuestros gobernantes cuando los mismos no tutelen el bienestar común.
Y, fundamentalmente, tener siempre muy presente, que la protección de las PyMEs de todos los rubros debería ser la principal política de Estado, ya que solamente a través de ellas se logra una verdadera y equitativa distribución de riquezas y son los cimientos de un país desarrollado y poderoso.

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