By Jorge de Mendonça (*) LECTURA: 2.86 MIN
El fraude ferroviario es la desaparición permanente
Cuando el fraude se refiere a un gasto o malversación, al público y al periodismo les resulta simple encaminar la cosa hacia el escándalo y la indignación.
Hay otros fraudes que han sido hábilmente disimulados tras un lenguaje de nostalgia: “Ay! qué lindo era cuando llegaba el tren”, mientras que detrás de aquel camino sin asfaltar, aquel tren levantado y aquel teléfono que no llegaba, estaba la desaparición sistemática de la economía en el Territorio.
Desaparición de sueños que implican dinero. Desaparición de sueños que han implicado muertes entendidas como causadas por stress, mientras que, en realidad, han sido por la traición económica que gobierno tras gobierno han infligido con la conectividad sobre la población.
En 1981, al cierre de su gestión, un abogado que ejerció como ministro de economía, expresó como logros el levantamiento de 2.000 centros logísticos (estaciones ferroviarias). Ese alegre tipo mensaje se repitió cíclicamente entre 1961 y los 64 años siguientes.
Entre 1977 y 1981 ocurrieron las más intensas desapariciones forzadas de activos económicos sobre la mayor parte del Territorio, y no solo por el abandono ferroviario: Fue la peor guerra contra el campo, pues ahí inició la expulsión sistemática del campo minifundista.
Cuando hoy mismo un formador le dice a sus alumnos que “no hay razón para construir más puentes sobre el río Paraná”, o que “todos aquellos pueblos no debieron haberse fundado y esos ramales fueron aventuras”, está garantizando que la silenciosa y constante desaparición forzada siga en marcha.
Es una desaparición de lesa humanidad, pero blanda. No se nota, no se conoce, no existe, y son actores del Estado (en sus tres niveles jurisdiccionales) los que ejecutan sistemáticamente el mecanismo.
¿Cómo, cuándo comenzó ese acostumbramiento?
Todo pareciera haber comenzado en 1910 con la maniobra que bloqueó el pacto de libre comercio Argentina - Chile (Con mucha ayuda del ferrocarril BAP, según relata Lacoste en Historia del Ferrocarril Trasandino Central), y, especialmente, en 1914, cuando las palabras del CEO del ferrocarril Sud al geólogo Bailey Willis definieron el camino: “Entienda usted señor que al ferrocarril Sud no le interesa que el Estado construya ferrocarriles (en la Patagonia)”.
Aquel día quedó inconcluso el ferrocarril patagónico y, 50 años después, nos decían que esos ramales no tenían sentido porque transportaban muy poco: Al anular la interconexión entre la Norpatagonia, Chubut y Santa Cruz, cada trozo de vías “se lo vio como innecesario”.
Silenciosamente, se desaceleraron todas las realizaciones de conectividad, hasta que en un informe de 1961 “demostraron” que teníamos que reducir capacidades logísticas para volver a crecer.
Poco a poco, los argentinos fueron creyendo que no necesitábamos más asfalto a los pueblos (400.000 Km de tierra), ni buques de cabotaje (un solo buque de carga general), ni ferrocarriles que atendieran pymes, personas, pueblos, ciudades, parajes, metrópolis: Hoy, el canal de 25 pies de acceso al Puerto de Santa Fe solo quedará a 17 pies “porque hace 50 años que no entran buques grandes”.
Hoy, cuando en cada decenio el empresariado del camión invierte U$S 20 mil millones en camiones y acoplados nuevos, no vemos otro fraude ferroviario cuando la Sociedad entiende como gigantesca a una inversión de 3 mil millones a lo largo de 50 años sobre solo 4.000 Km de vías.
En los otros 30.000 Km de vías que desaparecieron, más los que están por desaparecer, aún habitan 6 millones de electores que siguen bajo el fraudulento mecanismo que expulsa economía del territorio.
Cada tren de pasajeros; cada vagón con carga de pymes o mineras; cada micro camionera o mega camionera; cada kilómetro de camino que hay que asfaltar; cada puente sobre el Paraná o ferrocarril de conexión internacional; son un muy buen negocio rentable para la economía territorial.
Para que no sigan falleciendo personas por el stress de la expulsión interna, necesitamos detener la desaparición forzada de la economía territorial de cada rincón de Argentina.
Que nunca más un técnico, un docente, un consultor, un asesor vuelva a decir que no tiene sentido conectar la economía del país, sea de una pyme en un pueblo, una mina en la montaña o una corporación en la metrópoli, o un pasajero en cualquier parte.
(*) Jorge de Mendonça - PG especialista en Política y Planificación de Transporte @JdeM 2026

Gracias Fabián por compartirla.
ResponderEliminar