ACERCA DE SUPERMERCADOS, DESPENSAS Y DE PRECIOS
¿Nos roban los supermercados y los almaceneros? ¿Son formadores de precios? Para responder estos interrogantes, que son afirmaciones en discursos de algunos políticos, debemos primero separar las aguas: Nada tienen que ver las cadenas locales de supermercados o los autoservicios de proximidad con las grandes estructuras supermercadistas.
Los supermercados y autoservicios locales pertenecen a comerciantes conocidos por la comunidad. En cambio, los que pertenecen al segundo grupo son de sociedades anónimas, en su mayoría propiedad de grupos de inversores extranjeros.
La Argentina es un país con una de la más alta presión tributaria del mundo, reconocido oficialmente, con un déficit fiscal enorme debido al descontrolado gasto público al que no se le encuentra el camino para ordenarlo y reducirlo aunque es justo reconocer que esta situación es muy añeja.
No voy a defender a nadie y mucho menos buscar culpables o endilgar responsabilidades, pero corresponde decir que este déficit como no se puede reducir hay que financiarlo y la financiación se logra por tres vías: la emisión monetaria, el endeudamiento externo o la presión tributaria.
Con la emisión se provoca inflación; el endeudamiento genera disparidad cambiaria y especulación financiera al mantener un dólar de cotización baja y una tasa financiera alta. La presión tributaria incide en el normal desarrollo de la actividad económica desalentando la inversión en nuevos proyectos y frenando el crecimiento de los vigentes. Y en nuestro país tenemos un mix de las tres variables.
En lo que a la tributación se refiere es menester decir que nuestro sistema fiscal es un embrollo de impuestos nacionales, provinciales y municipales con una complejidad tal que obliga a erogar cargos adicionales a los contribuyentes por los costos de profesionales contables y los complicados sistemas administrativos que se deben llevar, a lo que hay que agregar el costo económico por conceptos tales como percepciones, pagos a cuenta, retenciones y anticipos. Según expresaba el Contador Héctor Blas Trillo en su boletín del año 2017 “los impuestos se anticipan a lo largo del año como si la moneda tuviera un valor constante, mientras ésta pierde un 20, un 30 o un 40% de su valor”.
El cálculo matemático actualizado podrá diferir algunos puntos, pero el mecanismo es similar, sino, agravado. Por otra parte, el sistema fiscal induce al error del contribuyente generando situaciones que provoca un sinnúmero de inconvenientes y gastos extras toda vez que los comerciantes y las empresas se encuentran con que ARCA exige cumplimientos como el del “domicilio fiscal electrónico”, donde procede a notificar o intimar al contribuyente por supuestos incumplimientos en presentaciones, pagos en término, regímenes de información, etc. pues en la práctica nadie vigila diariamente su “e-ventanilla”, lo que habilita la generación de un reclamo fiscal.
Todo esto le ocurre al supermercadista local o autoservicio de proximidad, ¡Atención!, también ala pequeña despensa de la vecindad, ya que la esencia de su negocio es obtener renta por el intercambio de mercadería por dinero y su estructura administrativa está orientada a esa tarea, lo que lo diferencia de las grandes cadenas cuyo negocio real es el financiero y goza de una sofisticada estructura administrativa de contralor.
Lo explicado guarda íntima relación con el precio de venta por tanto que toda esta maraña incide directamente en los costos operativos a los que hay que sumar las cargas patronales, energía, fletes, gastos bancarios, etcétera, etcétera, etcétera.
Mientras el propietario de un comercio local busca las mejores condiciones de precio y formas de pago, las grandes cadenas imponen sus condiciones ejerciendo su poder económico y posición dominante en el mercado.
El supermercadista local reinvierte sus ganancias rápidamente en reposición de stock y así evitar efectos inflacionarios mientras que las grandes superficies gozan de noventa días como mínimo para jugar especulativamente en las finanzas con los recursos de su proveedor lo que le otorga pingües beneficios adicionales.
“La Argentina no tiene la tercera parte de su población bajo la línea de pobreza por culpa de los supermercados. Basta de ingenuidades” decía Trillo en el año 2017 y lo suscribo. Debemos resolver cuánto antes el sistema fiscal argentino pero también poner en práctica la Ley Nº 27.442, que reformó a la 25.156 o Ley de Defensa de la Competencia para evitar el carácter dominante y especulativo de las poderosas corporaciones que manejan la cadena alimentaria nacional y que no son los supermercados ni los autoservicios locales.
Deberemos ocuparnos en algún momento de la cadena de formación del precio en góndola, con la colaboración de universidades y especialistas en el tema para saber dónde se genera la gran distorsión de precios.
El industrial no es, el mostrador tampoco. Pues entonces, ¿quién gana?
ANTONIO FABIAN HRYNIEWICZ
Intelicom2020@gmail.com / @fabianhry

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