NOTA DE OPINIÓN                                                                                         LECTURA: 3.20 MIN

¿POR QUÉ ASOCIARSE A UNA CÁMARA?

Hace más de 50 años atrás, fue compuesta por John Lennon una hermosa canción, que en una de sus estrofas decía: “No hay nada que puedas hacer que no pueda hacerse". En esta invocación se define la potencialidad de todo ser humano en la concreción de sus aspiraciones para su vida social y también profesional.

Y ese es el criterio adoptado por la dirigencia de la gremial empresaria, que se preocupa  por todas las dificultades del arco emprendedor pero, fundamentalmente, se ocupa.

Unas veces con mucha difusión de nuestras actividades, otras en silencio, pero siempre activos. Buscando respuestas aunque también proponiendo soluciones. Nuestro lema es “no garantizamos resoluciones pero sí gestión”. Y seguramente, esa es la línea de acción de la gran mayoría de las Cámaras.

Claro, es difícil comprender la acción de una entidad gremial empresaria por que la tangibilidad de sus servicios se nota cuando se concretan en resultados producto de las largas gestiones. Es por ello la incomprensión del destinatario de dichos logros, es decir, el emprendedor, el comerciante, el pequeño productor o el industrial PyME, que no percibe el valor de inmediato.

La mayoría de las veces se acercan cuando enfrentan una complicación acuciante, casi terminal, con la convicción de que somos un organismo del Estado. Pero no, somos la suma de voluntades entre colegas que aunamos esfuerzos, diagnosticamos problemas, estudiamos propuestas y las presentamos a consideración de las autoridades con competencia.

Quienes asumen la tarea de conducir una Cámara, adquieren el compromiso de la representatividad y la responsabilidad de ser globales, profesionales y firmes en su accionar. Como también encontrar el camino y lenguaje apropiado para no caer en la confrontación ni en el sectarismo. Para ello, esa responsabilidad obliga a dejar de lado sus intereses personales para asumir la defensa de los comunes.

En otra estrofa de su magnífico tema Lennon escribía: "Nada de lo que puedas hacer no se puede hacer”. Y es muy cierto. Lo grave es no intentarlo. Desde nuestras entidades planteamos temas tan sensibles como los costos energéticos, la reforma fiscal, la seguridad, el comercio ilegal, el acceso al crédito, las economías regionales y un sinnúmero de cuestiones más que involucran interacciones con funcionarios de estado de los tres niveles. Y lo hacemos en esa línea de pensamiento, convencidos de que nada se va a lograr si no se intenta. La mayoría de las veces la gestión es pausada, lenta y trabada. Por nuestro desconocimiento de la “cosa burocrática” y de la tecnicidad de los fundamentos.

Claro, provenimos del sector empresario. Sabemos fabricar, cultivar, criar o comerciar pero no somos profesionales de la administración de la cosa pública. Y en esto aplica otra genial oración del tema musical, que dice: “Nada hay que puedas hacer, pero puedes aprender como hacerlo con el tiempo. Es fácil”.

Escuchando esa bella canción, me llevó a reflexionar que de nada sirve quejamos en soledad y  resignamos a vivir las adversidades cotidianas como si las cosas sucedieran por decisión divina, por predestinación ineludible. No podemos perder nuestra conciencia ciudadana y convertimos en individuos, egocéntricos, avaros, indiferentes.

No es una cuestión ideológica ni de simpatías o antipatías partidarias. Es una cuestión de compromiso social. Compromiso por nuestra familia, por nuestros trabajadores, por nuestros amigos, por nuestros vecinos. Por nuestros emprendimientos. Por nosotros mismos.

Los argentinos, sin duda,  merecemos vivir mucho mejor. Nuestros jóvenes tienen que tener expectativas de futuro. Nuestros compatriotas deben alcanzar un bienestar digno pero logrado por su propio esfuerzo, sin regalos ni limosnas y con mucho compromiso.

Comencemos a discutir los temas de fondo y no los de forma. Seamos diferentes, pensemos distinto. Creo que en algún momento lo expresé pero vale reiterarlo: aceptemos la diversidad de pensamiento sin creer que el que piensa distinto es un enemigo. Asumamos el deber de participar asociativamente. Confiemos en nuestras entidades profesionales aunque fiscalizando el control de su patrimonio y de la gestión de sus dirigentes. Entendamos el valor de una Cámara para un novel emprendedor, pero también para el veterano comerciante. Es la génesis de la construcción social en democracia.

Mire usted amigo, amiga a la reflexión que me llevó una poesía hecha canción. Gracias John Lennon.

 

ANTONIO FABIAN HRYNIEWICZ

Intelicom2020@gmail.com / https://x.com/fabianhry

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