El Universo de las Ferias Populares en Argentina
Un Análisis Socioeconómico y Territorial
El Resurgimiento de la Economía Popular en el Espacio Público
El fenómeno de las ferias populares en Argentina es una de las expresiones más visibles de las transformaciones socioeconómicas que ha experimentado el país en las últimas décadas.
Su origen contemporáneo está directamente vinculado a la profunda crisis de 2001, un momento de quiebre que deterioró masivamente el mercado laboral formal y empujó a vastos sectores de la población a inventarse mecanismos de trabajo para la subsistencia.
Lejos de ser una respuesta transitoria, estas ferias se han consolidado como una estructura socioeconómica estable, modificando la dinámica urbana y comercial de los territorios donde se asientan.
Hoy, representan la principal fuente de ingresos, inserción laboral y sociabilidad para miles de personas, constituyendo un universo complejo que reproduce lógicas propias de organización y relacionamiento.
Este informe se propone analizar la tipología y distribución de estas ferias, el perfil de sus actores, su impacto territorial y las complejas relaciones que establecen con la sociedad y el Estado.
Tipología y Distribución Geográfica de las Ferias
Para conocer la magnitud y diversidad del fenómeno, es fundamental clasificar los diferentes tipos de ferias que coexisten en el paisaje urbano argentino. Estas varían desde iniciativas de subsistencia completamente autogestionadas, surgidas de la necesidad imperiosa, hasta modelos formalmente regulados e integrados en las políticas públicas locales.
Cada tipología posee características, lógicas de funcionamiento y emplazamientos geográficos distintos, reflejando la heterogeneidad de la economía popular.
Ferias Populares, del Usado y del Trueque
Estos espacios son la expresión más directa de las estrategias de supervivencia popular. Surgidos masivamente a partir de la crisis de 2001 y revitalizados en cada nuevo ciclo de recesión económica, se caracterizan por la venta de ropa usada, artículos diversos del hogar y, en muchos casos, la persistencia de lógicas de trueque.
Son espacios donde los límites entre productor, vendedor y consumidor se difuminan. Un ejemplo claro es la feria del predio Cancha la Laguna en Virrey del Pino, provincia de Buenos Aires, una iniciativa familiar que ha llegado a reunir a más de 300 feriantes como respuesta a la delicada situación económica actual.
Allí, la demanda principal se concentra en los alimentos por sobre la indumentaria, y la actividad alcanza su punto máximo a fin de mes, cuando la necesidad de generar un ingreso extra se vuelve más acuciante.
Ferias Itinerantes Reguladas
En contraste con el modelo anterior, existen ferias formalmente organizadas y reguladas por el Estado. El caso paradigmático son las Ferias de la Ciudad en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, un modelo que funciona desde 1990 y que ha experimentado una notable expansión: de las 12 ferias originales en 63 locaciones, ha crecido hasta conformar un sistema de 24 ferias que recorren 135 emplazamientos distintos, abarcando las 15 comunas de la ciudad.
Su objetivo es ofrecer productos de primera necesidad, (frutas, verduras, carnes, lácteos, artículos de limpieza), a precios accesibles, los cuales son concertados quincenalmente entre los feriantes y el gobierno local. Estas ferias cuentan con medios de pago electrónico y se integran en una cadena comercial reducida, sin intermediarios, representando un modelo de intervención estatal directa y en crecimiento en la economía barrial.
En contraste, en la ciudad de Formosa, organizada y administrada por autoridades, existe un formato similar pero más precario dónde únicamente se vende en efectivo, salvo algunas excepciones que acepta transferencias, pero no entregan comprobantes legales y los trabajadores suelen ser de la familia o informales.
Mapeo de Emplazamientos Notables
Esta distribución geográfica evidencia un patrón claro: la concentración de las ferias populares de gran escala en las periferias urbanas de las principales ciudades, mientras que las tensiones entre la economía formal e informal, como las que involucran a los manteros, se focalizan en distritos comerciales céntricos y densos como Once y Avellaneda.
A continuación, se detallan algunos de los emplazamientos más significativos:
• Rosario (Santa Fe): Sede de ferias de gran magnitud como la Feria del Tanque y la Feria Homero Manzi, ambas surgidas durante la crisis de 2001 y hoy profundamente arraigadas en la vida de sus barrios.
• Virrey del Pino en La Matanza, Buenos Aires: El predio Cancha la Laguna se destaca por su fuerte componente de trueque y su enfoque en la comercialización de alimentos como respuesta a la necesidad inmediata.
• Quilmes, Buenos Aires: Presenta un panorama mixto, con ferias que operan bajo habilitaciones municipales y otras de carácter intermitente y más informal.
• Córdoba: La búsqueda de ropa de segunda mano y ferias americanas se concentra en barrios y zonas como Güemes en el Paseo de las Artes, Alberdi en el Pasaje Aguaducho, Parque las Heras y a lo largo del Boulevard las Heras.
• Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Zonas como Once y Avellaneda son identificadas como focos de venta ambulante y la presencia de manteros, generando tensiones constantes con el comercio formal.
Esta diversidad de formas y geografías nos lleva a analizar el perfil de las personas que, día a día, dan vida y sentido a estos espacios de intercambio.
El Sujeto Feriante: Perfil, Identidad y Prácticas Solidarias
Más allá de la precariedad que a menudo define su condición, el feriante popular se ha constituido como un actor social con una identidad propia, compleja y resiliente.
Este sujeto ha desarrollado un conjunto de saberes, estrategias de subsistencia y un denso capital social que resultan fundamentales para la perdurabilidad y consolidación de las ferias.
Es un trabajador que, desplazado del mercado formal, ha encontrado en el espacio público no solo un medio de vida, sino también un lugar de encuentro y pertenencia.
Caracterización del Trabajador Feriante
El feriante popular es un pequeño comerciante, productor o revendedor que se diferencia tanto del vendedor ambulante tradicional como del emprendedor.
A diferencia del vendedor ambulante, que a menudo está organizado sindicalmente, (SIVARA), y opera de forma individual, el feriante comparte un espacio de trabajo común y construye lógicas colectivas.
Su distinción con el emprendedor radica en la falta de libertad para elegir su actividad; ser feriante es, en la mayoría de los casos, una respuesta a la necesidad y no una elección de estilo de vida. En palabras de la investigadora Verónica Gago, el "saber-hacer feriante" se ha convertido en un modo permanente de gestionar la crisis estructural del mundo asalariado.
Este colectivo, sin embargo, no es homogéneo. Como describe Hugo, un feriante entrevistado, existen notables diferencias de capital entre los puesteros: "hay gente que tiene mucho poder adquisitivo, vienen a vender porque es negocio... Y después hay gente que incluso está sacando lo poco que tiene en la casa para vender acá".
Se observan puestos con capacidad de inversión, (vehículos para transportar mercadería, generadores eléctricos), junto a una mayoría que vende lo que puede para subsistir día a día. A pesar de estas diferencias, se estima que para aproximadamente un 70% de los feriantes, esta actividad representa su única y exclusiva fuente de ingresos.
La feria, además, funciona como un ancla económica que genera una capa secundaria de trabajos populares a su alrededor. Emergen así actividades satélite indispensables para su funcionamiento, como el flete para el traslado de mercadería, el alquiler de tablones y gazebos, el servicio de sanitario provisto por vecinos, la limpieza del predio y los cuidacoches.
Estos roles, igualmente precarios, demuestran que el impacto económico de la feria trasciende a los puesteros e irriga un ecosistema laboral más amplio en la comunidad.
La Solidaridad como Capital Social
La solidaridad es un pilar fundamental que sostiene el funcionamiento y la perdurabilidad de las ferias populares. No se trata de un idealismo abstracto, sino de un conjunto de prácticas concretas que regulan la convivencia y la competencia, permitiendo la reproducción económica del colectivo.
Entre las más destacadas se encuentran:
• Acuerdos de precios: Feriantes que venden productos similares en puestos cercanos pactan los precios para evitar una competencia conflictiva que perjudique a ambos.
• Recomendación de productos: Es una práctica habitual que un vendedor recomiende el puesto de un compañero si no puede satisfacer la demanda de un cliente.
• Vínculos de confianza: La regularidad del encuentro genera lazos que permiten una notable flexibilidad en los pagos, materializada en frases como "si no tenés dame lo que tengas" o "dejá, me lo debés y después me pagás".
• Cuidado colectivo: La comunidad se organiza para protegerse, ya sea creando fondos comunes voluntarios para la limpieza del espacio o defendiendo a los miembros más vulnerables ante amenazas de desalojo.
El Legado del Trueque
El trueque es el rasgo originario de muchas de estas ferias, una memoria colectiva que sigue moldeando las prácticas actuales.
Durante la crisis de 2001, ante la desvalorización de la moneda nacional, los clubes de trueque proliferaron no solo como una respuesta práctica, sino como la manifestación de una lógica económica alternativa.
En términos del sociólogo económico Karl Polanyi, este sistema no estaba integrado por la lógica de mercado de maximización del capital, sino por principios de reciprocidad y administración doméstica.
En las ferias se instituyeron monedas sociales o más conocidos por “créditos", cuyo valor se sostenía en la confianza y la regularidad del encuentro, integrando la economía en las relaciones sociales.
Tito, uno de los feriantes fundadores de la Feria del Tanque, lo recuerda así: "yo llevaba una polenta y cambiaba por un arroz o por un pedazo de carne".
Aunque este sistema se monetizó con la reactivación económica hacia 2004-2005, la lógica subyacente del trueque persiste. La feriante Sara lo explica de manera elocuente al afirmar que el dinero "va girando como una rueda o una cadena", ya que la mayoría de los vendedores son también consumidores dentro de la misma feria, comprando allí lo que necesitan para sus hogares.
Esta práctica mantiene viva la reciprocidad originaria y refuerza la idea de la feria como un circuito económico comunitario. Es un circuito interno de solidaridad, reciprocidad y autogestión han permitido a los feriantes crear un sistema de reglas propio, una verdadera institucionalidad popular.
La Lógica Interna: Autorregulación e Institucionalidad Popular
En el vacío de una regulación estatal efectiva, en las ferias no existen en el caos; por el contrario, construyen una estrecha institucionalidad popular: un sistema paralelo de gobierno que activamente se enfrenta, negocia e hibrida con las instituciones formales del Estado.
Este concepto refiere a la creación de parámetros, normas y reglas de administración basadas en la historia, las necesidades y los intereses del colectivo, generando un complejo escenario de regencia superpuesta en el territorio.
Los principales mecanismos de esta autorregulación son:
1. Normas de Ingreso: El criterio fundamental para admitir nuevos puesteros es la necesidad de percibir un ingreso. Esta lógica, basada en la solidaridad y el reconocimiento de la urgencia del otro, contrasta marcadamente con los criterios de la regulación pública, que suelen centrarse en la verificación de la condición socioeconómica formal, como no poseer trabajo estable, propiedades o residir en la ciudad.
2. Ordenamiento Espacial: Son los propios feriantes quienes, a través de acuerdos colectivos, definen los días, horarios y la ocupación física del espacio público. Establecen los límites de la feria, la distribución de los puestos y las pautas de convivencia para garantizar el funcionamiento ordenado de la actividad.
3. Control de Mercadería: La institucionalidad popular aplica una lógica flexible para el control de los productos. Se prohíbe explícitamente la venta de artículos que generan un daño directo y evidente a la comunidad, como armas, drogas o medicamentos. Sin embargo, se puede ser más permisivo con otros productos de procedencia irregular como alimentos de distribución estatal o autopartes, siempre y cuando su comercialización no afecte negativamente el funcionamiento general y la seguridad de la feria.
4. Provisión de Servicios: Ante la ausencia de infraestructura provista por el Estado, la comunidad feriante se auto-organiza para resolver necesidades básicas. Esto incluye la gestión de sanitarios, (a menudo en casas de vecinos), la organización de la limpieza al finalizar la jornada y la búsqueda de soluciones para el acceso a la electricidad o al agua potable.
Si bien esta institucionalidad popular es eficaz para resolver la organización interna y garantizar la perdurabilidad de la feria, su interacción con el entorno urbano genera inevitablemente una serie de tensiones y conflictos con otros actores sociales.
Impacto y Conflictos: La Feria en el Territorio Urbano
El impacto de las ferias populares en el territorio presenta una marcada dualidad. Por un lado, son un motor indiscutible de la economía popular, un espacio vital de consumo para sectores de bajos ingresos y un centro de sociabilidad comunitaria.
Por otro, su existencia en el espacio público, a menudo sin una regulación formal, genera una serie de conflictos territoriales con comerciantes establecidos, vecinos y autoridades, quienes perciben su actividad desde la óptica de la competencia, la ilegalidad o la molestia.
Competencia Desleal y Mercancía Ilícita
La tensión más significativa se produce con el comercio formal. Los comerciantes establecidos denuncian la imposibilidad de competir con precios que no internalizan costos como impuestos, alquileres, servicios, sueldos y cargas sociales.
Esta situación, que califican como competencia desleal, es vista como una de las causas del quiebre de negocios que operan dentro de la legalidad. A esta problemática se suma el comercio de mercancía de origen ilícito.
Según Horacio Battagliotto, presidente de la Cámara Argentina de Fabricantes de Medias y Afines, (Cafama), el 90% de la mercadería ilegal que se vende en estos circuitos proviene del contrabando.
La ruta, explica, típicamente se origina en China, ingresa a Sudamérica por el puerto de Iquique en Chile y luego es introducida a Argentina a través de Salta y Jujuy. Los productos más comunes en esta cadena son medias, ropa interior e imitaciones de marcas reconocidas.
Disputas con Vecinos y Afectación de la Dinámica Urbana
La transformación de plazas, parques o calles en espacios de trabajo e intercambio comercial genera fricciones directas con la comunidad local. Los conflictos más recurrentes son:
• Bloqueo de Tránsito: La expansión de las ferias puede obstruir calles, dificultando el acceso a los barrios. El caso de la Feria del Tanque en Rosario es ilustrativo: su funcionamiento provoca el desvío de la línea 110 de transporte público y dificulta el acceso de vehículos de emergencia como ambulancias, citándose un antecedente con consecuencias fatales.
• Molestias Comunitarias: Los vecinos frecuentemente expresan quejas por los ruidos generados durante las primeras horas de la mañana para el armado de los puestos y por la suciedad que queda en el espacio público una vez que la feria finaliza.
• Uso del Espacio Común: Surgen disputas por el derecho a usar el espacio. En la Feria Homero Manzi, los feriantes han mantenido un conflicto histórico con el club aledaño Unión Sáenz Peña, que considera que la feria restringe el desarrollo normal de sus actividades.
Estos conflictos, que escalan en intensidad y visibilidad, fuerzan la intervención o evidencian la omisión del Estado, un actor clave cuya relación con las ferias es profundamente ambivalente.
El Rol del Estado: Entre la Regulación, el Conflicto y la Omisión
La relación entre las ferias populares y el Estado es ambivalente y multifacética. Abarca desde intentos de regulación formal y promoción, que buscan integrar estas actividades a la economía urbana, hasta el conflicto abierto, donde el Estado actúa como un agente restrictivo, y la omisión, cuya ausencia de control legitima de facto la autorregulación popular pero agrava las tensiones con otros sectores.
La Vía de la Regulación Formal
Existen marcos normativos que buscan ordenar la actividad. Las leyes de la Provincia de Santa Fe, por ejemplo, ofrecen un caso de estudio sobre los intentos de regulación estatal, estableciendo pautas claras:
• Definiciones: La ley define Feria como un conjunto de comerciantes minoristas y productores agrupados dentro de un mismo predio y Feriante como la persona que vende, compra o intercambia algo.
• Prohibiciones: Se enumeran explícitamente los rubros prohibidos en las Ferias Multipunto, también conocidas como Saladitas, entre ellos, la venta de bebidas alcohólicas, pirotecnia, animales vivos y la realización de juegos de azar.
• Requisitos de Habilitación: Para constituir una feria se exige el cumplimiento de normativas de uso de suelo e impuestos, y se requiere la firma de un Convenio entre el municipio y los feriantes, quienes a menudo son representados por el Sindicato de Vendedores Ambulantes. He aquí una gran contradicción: Los Sindicatos representan a trabajadores en relación de dependencia. Si esta es la situación, no pueden ser considerados trabajadores independientes, emprendedores o pequeños comerciantes.
• Condiciones Espaciales: Se establecen reglas precisas como la obligación de ubicarse a una distancia mínima de los comercios establecidos del mismo rubro, por ejemplo, más de 30 metros para paradas fijas.
El Estado como Actor de Conflicto
En ocasiones, la intervención estatal no busca regular, sino restringir o desplazar. El conflicto se materializa cuando las políticas de ordenamiento espacial chocan con el derecho al trabajo de los feriantes.
Un ejemplo claro ocurrió en la Feria Homero Manzi de Rosario, donde la Municipalidad intentó cercar la plaza para erradicar la feria. Los feriantes resistieron la medida, continuando la venta en las veredas adyacentes al vallado hasta que, finalmente, las autoridades se vieron obligadas a retirarlo.
Este episodio ejemplifica cómo las acciones estatales, a menudo enmarcadas como mejoramiento u ordenamiento urbano, pueden convertirse en instrumentos directos de conflicto, priorizando una visión higienizada y recreativa del espacio público sobre su función como un lugar de trabajo vital para la economía popular.
La Ausencia de Control y sus Consecuencias
La omisión o la falta de fiscalización efectiva por parte del Estado tienen consecuencias directas, principalmente en la agudización de la competencia desleal. Como señalan desde FECOBA, la paradoja es que las inspecciones suelen recaer sobre el comercio formal y no sobre el mantero o el puesto informal.
Esta ausencia de control en el circuito popular, mientras se intensifica la presión sobre el formal, genera un desequilibrio que, según los comerciantes, conduce al quiebre de los negocios que operan en regla.
RECAPITULANDO
¿Cuáles son las tensiones y disputas territoriales generadas por el uso del espacio público como mercado?
El uso del espacio público como mercado, especialmente a través de ferias y ventas informales, genera una serie de tensiones y disputas territoriales que involucran a los feriantes, el comercio formal, los vecinos y las autoridades municipales o estatales.
A continuación, se detallan las principales disputas territoriales identificadas en las fuentes examinadas:
1. Conflictos con el Comercio Formal y Competencia Desleal
Una de las tensiones más significativas se da entre los vendedores informales y el comercio legalmente establecido, principalmente debido a la competencia desleal.
• Ventaja de Precios y Evasión Fiscal: Los comerciantes formales se quejan de que los productos vendidos en la calle o en ferias clandestinas, a menudo provenientes de contrabando o hechos ilícitos, no pagan impuestos, lo que hace imposible igualar sus precios. El comercio legal debe afrontar costos como luz, alquiler, sueldos, cargas sociales e impuestos, mientras que el informal no.
• Falta de Control Estatal: El comercio legal lamenta que las inspecciones suelen recaer sobre ellos y no sobre los vendedores ambulantes o manteros de la calle, lo que provoca el quiebre de los negocios que están en regla.
• Orígenes de la Mercadería: Gran parte de la mercadería ilegal que se vende en las calles entra de contrabando a Argentina desde China, entrando por Chile vía Salta y Jujuy. El hecho de comprar productos de dudosa procedencia es señalado por el comercio formal como un problema que afecta la financiación de servicios públicos.
• Regulaciones de Distancia: En el contexto de la regulación de la actividad en la provincia de Santa Fe, se establece la necesidad de mantener distancias mínimas, por ejemplo, más de 30 metros para paradas fijas o 200 metros para paradas móviles, con respecto a locales comerciales ya establecidos del mismo rubro para evitar entorpecer la visión vehicular o el goce del inmueble.
2. Controversias con Vecinos y Afectación de la Dinámica Urbana
La ocupación del espacio público transforma lugares originalmente destinados al esparcimiento, ocio, paseo o tránsito, convirtiéndolos en espacios de trabajo e intercambio comercial. Esta transformación genera fricciones con otros actores urbanos:
• Bloqueo de Tránsito y Acceso: La expansión territorial repentina de las ferias hacia el interior de las calles puede generar el bloqueo del paso de entrada y salida al barrio durante el horario de funcionamiento. En el caso de la Feria del Tanque en Rosario, esto ha llevado al desvío o corte de la línea de transporte público y ha provocado dificultades de acceso para vehículos de emergencia como ambulancias y fuerzas policiales, con antecedentes citados de consecuencias fatales.
• Restricción de Uso del Espacio Común: En la Feria Homero Manzi, los feriantes han disputado su permanencia con un club aledaño, (Unión Sáenz Peña), que considera que la feria restringe el desarrollo normal de sus actividades.
• Molestias Comunitarias: Los vecinos pueden expresar disconformidades y quejas por ruidos molestos generados durante el armado de la feria por la mañana y por la suciedad que queda al finalizar la jornada.
3. Tensiones con el Estado y la Regulación
El conflicto es inherente a la actividad informal, la cual a menudo se realiza sin autorización estatal y puede enfrentar dificultades con la regulación y la planificación urbana.
• Conflicto Normativo y Legalidad: Los litigios pueden surgir por la irregularidad de la ocupación y las dificultades para afrontar situaciones de ilegalidad o el incumplimiento de normas que regulan el uso del espacio público.
• Intervención Municipal: Se han observado conjuntos de medidas por parte del municipio para restringir o regular el funcionamiento de las ferias, apuntando a un ordenamiento espacial. Por ejemplo, en Rosario, la Municipalidad intentó cercar una plaza para desplazar a los feriantes, quienes continuaron vendiendo en las veredas adyacentes hasta que el vallado fue retirado.
• Definición del Uso del Suelo: La autoridad municipal o comunal es la encargada de la evaluación de la propuesta de feria, especialmente en lo referente al espacio público, el tránsito y el acondicionamiento del sitio. La ley en Santa Fe prohíbe la instalación de Ferias Multipunto en espacios que pertenezcan al dominio público o privado de la provincia.
• Choque de Institucionalidades: Las ferias han generado sus propios mecanismos de ordenamiento y funcionamiento, esto es, institucionalidad popular, que establecen sus propias reglas de uso del espacio y convivencia. Estos modos de institucionalización popular se enfrentan o se hibridan con los modos de la institucionalidad formal del Estado.
4. Conflictos Internos
Aunque las ferias se caracterizan por lazos de solidaridad, también existen tensiones internas:
• Competencia y Supervivencia: Las ferias no están exentas de la proliferación de prácticas individualistas o competitivas, que a menudo prevalecen por la necesidad de resolver las carencias propias e inmediatas. La disputa puede centrarse en vender y ocupar un buen lugar en la feria, idealmente con protección del sol.
• Disputas por la Administración: En el Partido de Quilmes, la fuente señala que se pueden presentar situaciones conflictivas entre las organizaciones de feriantes sobre la ocupación y administración de los puestos.
¿Qué mecanismos de organización e institucionalidad popular surgen en las ferias frente a la formalidad estatal?
Las ferias populares, al desarrollarse en el espacio público sin una regulación estatal formal inmediata, han generado sus propios mecanismos de ordenamiento y funcionamiento, que en conjunto se definen como institucionalidad popular.
Estos modos de institucionalización popular establecen parámetros, normas y reglas de administración y uso del espacio, basándose en la historia, los intereses y las necesidades particulares de los feriantes que se colisionan o se hibridan con los de la institucionalidad formal del Estado.
A continuación, se detallan los principales mecanismos de organización e institucionalidad popular que surgen en las ferias:
1. Mecanismos de Autorregulación Colectiva
Las ferias han construido sus propias formas de organización y pautas de convivencia que rigen el ejercicio de la actividad desde la base. Estos mecanismos definen límites internos y externos con actores ajenos a la feria:
• Definición de Reglas de Ingreso: Los feriantes han ordenado sus propias normas de ingreso de nuevos puesteros. El criterio principal para la admisión de nuevos feriantes está determinado por la necesidad de percibir un ingreso. Este criterio difiere de la lógica de regulación pública, que se centra en la condición socioeconómica del postulante.
• Ordenamiento Espacial y Convivencia: Se fijan reglas sobre la ocupación del espacio público, los días y horarios de funcionamiento.
• Control de Mercadería: Respecto a la mercadería, la institucionalidad popular controla que no se comercialicen productos que puedan generar daños directos a una persona o al funcionamiento de la feria en su conjunto, como armas, drogas o medicamentos. Esta lógica popular es más flexible, ya que, si bien la institucionalidad estatal circunscribe la actividad al comercio lícito, la lógica de las ferias puede permitir la venta de otros productos de indeterminada procedencia.
• Liderazgo Político y Administrativo: Existen organizaciones de feriantes que se encargan de la ocupación y administración de los puestos. También se generan contactos políticos para facilitar la operación.
2. Prácticas Solidarias y Lazos Sociales
La consolidación y perdurabilidad de las ferias se basa en la reproducción de lazos sólidos de solidaridad popular y prácticas de cooperación, que actúan como un capital social y cultural común.
• Pactos de Convivencia: La solidaridad se articula en pactos expresos o subyacentes de convivencia que forman parte de la identidad colectiva del feriante.
• Ayuda Mutua Económica: La solidaridad se manifiesta en la actividad económica. Se observa:
◦ Acuerdos de Precios: Si dos feriantes cercanos venden productos similares, acuerdan los precios para evitar conflictos.
◦ Recomendación de Competencia: Es común que los feriantes recomienden el producto de otro compañero si el suyo no satisface la necesidad del cliente.
◦ Flexibilidad en el Pago: La existencia de vínculos de confianza permite el crédito de palabra o fiado.
• Cuidado Colectivo: Las prácticas solidarias incluyen actitudes en pos del bienestar común o el cuidado de un compañero, como la generación de un fondo común voluntario y la protección de los más vulnerables frente a la posibilidad de desalojo.
3. El Trueque como Antecedente de Organización Económica Alternativa
La experiencia del trueque o intercambio, es un rasgo originario de estas ferias, estableciendo un modo de organización económica distinto al mercado formal.
• Origen en la Crisis: Las ferias populares surgieron durante la crisis del 2001, en un contexto de proliferación del trueque como modalidad de intercambio frente a la pérdida de credibilidad del sistema monetario.
• Moneda Social y Reciprocidad: Se utilizaba una moneda social o créditos con validez, por ejemplo, de $1, $2, $5 y $10, para realizar transacciones exclusivamente en el interior de la feria. Este sistema se basaba en la confianza mutua y la regularidad de los encuentros.
• Lógicas Distintas al Mercado: Aunque la modalidad del trueque se monetizó con la reactivación económica alrededor de 2004/2005, la experiencia original permitió basar la actividad económica en relaciones de reciprocidad, ayuda mutua y prácticas solidarias. Estas lógicas se consideran principios de integración de reciprocidad y administración doméstica, distintos a la búsqueda de maximización de capital del mercado formal.
• Persistencia de la Práctica: A pesar de la monetización, la gran mayoría de los feriantes continúa realizando sus compras en la misma feria. Estas prácticas mantienen viva la experiencia del trueque y refuerzan los lazos de confianza.
Síntesis y Desafíos Futuros
Las ferias populares son una expresión estructural y consolidada de la economía argentina, un fenómeno que emergió de las crisis recurrentes y de la profunda fragmentación del mercado laboral.
Este fenómeno lejos de atenuarse se verá incrementado ya que según lo informado por la Superintendencia de Riesgos del trabajo, entre noviembre 2023 a agosto del 2025 se perdieron 276.624 puestos de trabajo y han cerrado 19.164 empresas en igual período con una marcada tendencia a más cierres y pérdidas de fuentes laborales. Esta situación implica menor consumo y mayor economía de subsistencia dentro de la informalidad.
Este informe ha demostrado que no son simplemente mercados informales, sino ecosistemas sociales complejos dotados de una identidad, un capital social y una institucionalidad popular que les ha permitido perdurar y adaptarse.
Se ha puesto de manifiesto la tensión inherente que las define: por un lado, su rol fundamental como mecanismo de supervivencia, generador de ingresos y creador de lazos comunitarios; por otro, los serios problemas de informalidad, competencia desleal y conflictos urbanos que su existencia provoca.
El principal desafío para las políticas públicas es abordar este fenómeno de manera integral, superando las miradas que oscilan entre la estigmatización y el clientelismo.
Se requiere una estrategia que busque un equilibrio justo: reconocer la legitimidad y la importancia del trabajo en la economía popular, formalizando y mejorando sus condiciones, sin ignorar los derechos de los comerciantes formales que cumplen con sus obligaciones fiscales y laborales, ni los de los vecinos afectados por su impacto en el espacio público.
En última instancia, cualquier solución sostenible deberá también incluir un combate decidido contra las redes de contrabando y comercio de mercadería de origen delictivo, distinguiendo claramente las economías de subsistencia de las que se nutren de la ilegalidad.
FUENTES CONSULTADAS:
· Gabriela Wyyczyckier – Ocupación Informal y Lazos Sociales: El caso de los feriantes
· María Madoery - El Trabajo en la Economía Popular
· INFOBAE - Mariano Zalazar - El comercio formal bajo presión por la expansión de la venta ilegal
· Reddit.com - Manosdementaa - Ferias de ropa de segunda mano por Córdoba?
· Gobierno de la Ciudad – CABA – Intinerantes
· El1 Digital - Las ferias y el trueque: la respuesta ante un contexto social y económico delicado
· Ley 14194 de Santa Fe - Regulación Saladitas
· Centro de Economía Política Argentina – Informes de la S.R.T.
IMAGEN: Gobierno de la Ciudad - CABA

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