ACERCA DE UNA FUTURA LEY DE FRONTERAS

En el año 2009, el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, gestión del Ing. Mauricio Macri, se procedió a desalojar a los "manteros" del popular barrio porteño de Once, lugar comercialmente estratégico por su gran número de ciudadanos que concurren a tomar uno de los múltiples medios de transportes que comunican a todos los destinos de la ciudad y del gran Buenos Aires.

Como hijo de inmigrantes de la post Segunda Guerra Mundial, no puedo ser tildado de xenófobo, ya que además, me crié y crecí en un barrio  cuya característica era la composición demográfica de los vecinos. Judíos, polacos, italianos, españoles, austríacos, rusos y hasta algún alemán y japonés. Seres humanos que vinieron a esta patria a fines de los cuarenta, buscando la paz y oportunidad de prosperidad que la guerra les había negado.

Hablaban idiomas diferentes, poco o nada entendían de nuestra lengua pero los identificaba un lenguaje común: prosperar en comunidad con esfuerzo, trabajo y solidaridad. Así, los hijos de estos sufridos inmigrantes crecimos jugando sin diferencias. Nos mezclábamos católicos con judíos, "polaquitos" con "alemancitos", "turquitos" con "rusitos" y fuimos juntos a la escuela, a practicar deportes, a jugar como corresponde mientras los mayores construían nuestra  patria con esmerado trabajo y mucho sacrificio.

Esto ocurrió hace apenas 70 años. Y se repitió a lo largo y a lo ancho de la geografía de nuestra nación con colonias de inmigrantes en todas las provincias que fueron agrandando nuestros potenciales económicos, trabajando y generando trabajo.

Extranjeros que nos enseñaron a amar a la Argentina desde muy chicos. Que nos legaron principios como la cultura del trabajo, la honradez, el valor de la palabra y el respeto por el otro. Nos enseñaron a crecer en conjunto siendo diferentes, haciendo un culto de la amistad y el respeto.

Hoy, lamentablemente, y especialmente en los últimos quince o veinte años, esta inmigración se transformó en lo opuesto. Extranjeros que utilizan a nuestro país como guarida para sus turbios negocios. Delincuentes fugados de sus países refugiándose en las villas que ellos mismo propician para poder pasar más desapercibidos.

Importación de costumbres extrañas a nuestra cultura e idiosincrasia como la prostitución infantil, el trabajo esclavo o el consumo de drogas, además de generar actos vandálicos, delitos violentos e irrespeto por la vida humana. Destruyendo a nuestra juventud con vicios mortales.

Una Circular, titulada "CAME, el contrabando y la política migratoria nacional", expresa que "desde la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, (CAME), manifestamos nuestro absoluto apoyo a la intención del Gobierno de la Nación de trabajar en una ley de control migratorio que refuerce el intercambio de información con países del extranjero, la cual tiene como foco principal evitar el ingreso al país de inmigrantes con antecedentes penales.

El propósito del gobierno es abrir el debate por el endurecimiento de la política migratoria y trabajar en un proyecto de Ley, según expresó el titular de Migraciones de la Nación de aquel entonces, Horacio García, (2015 al 2019), quien además señaló que “la intención es ser amigables con los que vienen a trabajar a Argentina, pero siendo estrictos y determinantes: no queremos delincuentes en Argentina. No queremos ni que ingresen ni que permanezcan en el país los inmigrantes que vienen a delinquir", criterio que continúa vigente en la política del actual gobierno.

Tras un relevamiento realizado en algunas entidades adheridas a CAME de las provincias de Misiones, Formosa, Mendoza, Jujuy y San Juan, todas ellas han coincidido en la crítica situación que están atravesando debido a la permisividad en los controles y aseverado la importancia fundamental que estos implican como política de seguridad nacional.

El reclamo coincidió en que se debe controlar la inmigración con políticas activas que conlleven a tener claro qué tipo de inmigración se permite, para qué y cuál es el propósito de quienes desean radicarse en el país.

Asimismo, dichas entidades consideraron que en los pasos fronterizos los controles migratorios son muy laxos y por ende deberían reforzarse en estos puntos estratégicos, por lo cual apoyan la idea de endurecer los mismos. Para revertir esta situación todos concordaron en que es necesario que se aplique tecnología acorde al flujo permanente de personas que transita por los mismos, no como la que se emplea en la actualidad que es muy básica.

En conclusión, exteriorizaron que, de efectuarse este endurecimiento de la política migratoria, se logrará ayudar a las diversas regiones a controlar el trabajo informal, fuente de competencia desleal y que se sostiene mediante el ingreso de mercadería falsificada, flagelo manejado por mafias organizadas que va en desmedro del fomento de la industria nacional y de la creación de nuevas empresas.

Una nación que tiene en su conformación un crisol de razas y culturas, debe cuidar sus fronteras para seguir siendo una tierra de oportunidades para todas las personas que quieran aportar su esfuerzo y dedicación de manera sana y laboriosa". Hasta aquí, el contenido del documento.

Solo resta señalar que además de lograr una ley que exija conocer los antecedentes de los extranjeros, también logre una explicación de los ingresantes al país sobre cuales son los motivos que lo llevaron a elegir  nuestro territorio y lograr que los inmigrantes futuros vengan a radicarse en función de planes estratégicos de desarrollo por regiones, con aportes en artes, oficios o conocimientos tecnológicos, como lo hacen los países más avanzados.

Nuestros países vecinos ejercen un férreo control migratorio, y está muy bien que así sea. No es sencillo lograr la radicación en el Paraguay, o en Bolivia. Ni hablar de Chile. No hacen más que verificar las buenas intenciones de quien pretenda afincarse en estas naciones y no ser permisivos para que los malvivientes utilicen su jurisdicción como escondrijo.

En nuestra patria, está más que demostrado lo pernicioso que resulta esta falta de control, en la inconducta asumida por los extranjeros indocumentados que se dedican a la venta callejera de productos de procedencia ilegal y su inclaudicable resistencia en cumplir con la ley, incluso con los beneficios otorgados oportunamente.

Hemos visto como han contribuido a la grandeza de nuestra nación comunidades de inmigraciones relativamente recientes como la boliviana con su trabajo en la horticultura; la china y la coreana en el comercio y la industria; la paraguaya, en la construcción. Pero siempre sometidos a nuestra legislación y adaptándose a nuestra idiosincrasia.

Nuestra Constitución avala que son bienvenidos los inmigrantes de buena voluntad, pero también garantiza nuestra paz social, por lo que todo aquel que desee habitar nuestro suelo argentino, puede hacerlo libremente pero respetando nuestras leyes, nuestras culturas y nuestros destinos soberanos.

ANTONIO FABIAN HRYNIEWICZ

 

 

 

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