CON LOS JÓVENES, SÍ

Quiero comenzar esta nota reproduciendo una sabias palabras del Papa Francisco: “lo que necesitamos de los jóvenes hoy: jóvenes con esperanza y jóvenes con fortaleza. No queremos jóvenes debiluchos, jóvenes que están “ahí no más”, ni sí ni no, no queremos jóvenes que se cansen rápido y que vivan cansados, con cara de aburridos. Queremos jóvenes fuertes, queremos jóvenes con esperanza y con fortaleza”.

Nuestra sociedad está pasando momentos muy difíciles en lo económico, en lo político, en lo social. Pareciera que los problemas cotidianos se desencadenan sin solución de continuidad y no aparecen sus respuestas. Desencanto, frustración, desesperanza y resignación son sentimientos de común denominador social. Pero, ¿nos preguntamos que pasa con nuestros hijos, con nuestros jóvenes? ¿Qué sienten ellos y que esperan de nosotros?

Mucho debatimos sobre la delincuencia juvenil, sobre los hábitos perniciosos de nuestros jóvenes, sobre su condición de ni ni de una importante porción de la juventud. Criticamos su desgano y desinterés por el futuro y su predisposición a la vida fácil, chabacana y hasta violenta.

Pero sin quererlo, hemos fomentado en nuestros jóvenes la creencia que todo depende del Estado, que la vida se desarrolla en función de lo público. En cierta medida es verdad.

Buena  parte de los ciudadanos han nacido en un hospital público, se ha educado en escuelas y universidades públicas, se ha empleado en algún organismo estatal, en el caso de salud, seguramente se asiste en hospitales públicos, esperamos una vivienda del estado y hasta cuando partimos de este mundo, seguramente algún área de gobierno se ocupará de nuestro destino final.

Pero la vida es otra cosa, la vida es trabajo, es desarrollo personal, es lucha constante para lograr crecer social y moralmente. Debemos dejar de una buena vez la dependencia con el “Papá Estado” y forjar nuestro propio destino, como individuos y como ciudadanos.

Y a los jóvenes hay que darles la oportunidad, pero también una fuerte clara señal en el sentido que en nuestro país está todo por hacerse y es tierra de oportunidades para todos. Especialmente para nuestros jóvenes. Pero necesitamos infundirles el cambio profundo de pensamiento y de hábitos.

José Ingenieros decía que “Jóvenes son los que no tienen complicidad con el pasado” y aseveraba que “las grandes crisis ofrecen oportunidades múltiples a la generación incontaminada, pues inician en la humanidad una fervorosa reforma ética, ideológica e institucional”. Cuánta sabiduría en estas frases.

La experiencia más concreta es la de los Jóvenes de CAME, que en un relativo corto tiempo desde su creación, produjo una importantísima cantidad de jóvenes dirigentes que han innovado en el sector empresario mejorando emprendimientos familiares con incorporación de nuevas tecnologías, desarrollo de productos y expansión de mercado.

Pero también ha parido magníficos dirigentes que hoy ocupan puestos de relevancia en la gremial empresaria y en áreas de gobierno relacionadas con el sector PyMe. ¿El secreto? CAME, simplemente los dejó hacer. Confió en ellos. Respaldó esa nueva impronta, esa visión de futuro, esa actitud innovadora que sólo un joven puede tener. Y les brindó espacio y especialmente, respeto.

Se han desarrollado muchísimas políticas de los distintos gobiernos direccionadas a la juventud, pero no han logrado los resultados esperados. ¿Por qué? Por que siempre, en algún momento, ha aparecido condicionamientos, limitantes o peor aún, el menosprecio.

Es muy común escuchar de parte de los adultos “¿Pero qué sabe este mocoso?” o “¿Este mozalbete me quiere enseñar a mí?”. Sí, ese pibe sabe más que nosotros y nos puede enseñar muchísimo. Simplemente, su formación no está estructurada ni contaminada con preconceptos como nosotros. Claro que nos pueden enseñar. Y mucho.

Para ir finalizando, me viene a la memoria una frese de Monseñor Jorge Casaretto, quien decía: ”la juventud padece dos clases de pobrezas: una es la económica, que es solucionable con medidas acertadas en tal sentido. Pero la otra, la más compleja, la que transversal a hijos de indigentes y acomodados. Es la pobreza de expectativas”.

Ciertamente, como sociedad debemos replantearnos que condiciones y perspectivas brindamos a nuestra juventud para que pueda vivir y soñar con su futuro. ¿Qué herramientas les brindamos para que pueda lograr sus aspiraciones?

En mi humilde opinión pero con convicción profunda digo que a nuestros jóvenes les debemos la  oportunidad y los medios para que sean artífices de su futuro. Sólo es cuestión de confianza y brindarles una posibilidad.

ANTONIO FABIAN HRYNIEWICZ

 

Comentarios

Entradas populares de este blog