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GameChangers 2025: Los 10 años que transformaron el mercado de la marihuana en América Latina
En un año donde la cocaína y el fentanilo se llevaron la atención mediática, la marihuana mantuvo un papel clave dentro del ecosistema criminal regional. Durante 2025, el cannabis ilegal continuó siendo uno de los mercados ilícitos más prometedores de América Latina y el Caribe, evidenciado en incautaciones récord, la expansión de cultivos ilícitos y una demanda interna que no deja de crecer.
Más de 244 millones de personas —el 4,2% de la población global entre 15 y 64 años— consumieron marihuana en el último año, consolidándose como la droga más usada del mundo, según el último Informe Mundial sobre las Drogas de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD).
En el continente americano, alrededor de 82,7 millones de personas consumieron cannabis: 67,9 millones en América del Norte, 12,1 millones en Suramérica y 2,7 millones en Centroamérica y el Caribe. En Norteamérica, donde viven alrededor de 388 millones de personas, esta cifra equivale a cerca del 17 % de la población. A escala continental, con aproximadamente 1.280 millones de habitantes, los consumidores de cannabis representaron casi el 6 % del total.
Detrás de la magnitud de esta demanda regional se despliega un complejo entramado criminal donde grupos organizados supervisan cultivos a pequeña y gran escala, controlan los principales corredores de tránsito y operan redes de distribución que conectan los enclaves rurales con los mercados urbanos.
Mientras que en 2015 México era uno de los principales abastecedores de cannabis del hemisferio con más de 1.000 toneladas decomisadas por año, hoy los mayores volúmenes incautados se concentran en Suramérica. Solo en 2024, Colombia, Paraguay y Brasil sumaron en conjunto más de 2.000 toneladas métricas decomisadas.
En diciembre las autoridades de Paraguay incautaron el mayor cargamento de marihuana en la historia del país, un récord de 89 toneladas en la llamada Operación Umbral. Más allá del volumen excepcional, el caso también expuso cómo las fuerzas de seguridad desempeñan un papel clave en el movimiento de estos cargamentos a gran escala a lo largo del continente.
Paralelamente, la expansión del cannabis medicinal industrial y la despenalización parcial del consumo recreativo en varios países de la región dieron forma a un mercado híbrido, donde lo legal y lo ilegal coexisten.
El resultado de estos cambios es un panorama más fragmentado, pero altamente rentable, con nuevas variedades de elevada potencia, rutas de tránsito consolidadas, empresas criminales transnacionales y un consumo regional en ascenso.
El boom de la marihuana tipo ‘creepy’
Desde las montañas del Cauca en Colombia hasta las favelas de Brasil y las islas del Caribe, una variedad de cannabis de origen colombiano se ha expandido por América Latina, impulsada por su alta demanda y su potente efecto alucinógeno.
La cepa, conocida localmente como “creepy” o “cripy”, se destaca por su reputación y por una apariencia más atractiva que otras variedades que circulan en el continente. Según el Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas (CESED) de la Universidad de los Andes, alrededor del 80% de la producción de cannabis del mercado ilegal colombiano se destina a la exportación.
A finales de agosto, el Ejército Nacional de Colombia reportó la incautación de 8,6 toneladas de marihuana en el departamento de Huila, ubicado al suroccidente del país. El cargamento, escondido en un camión de alimentos, fue catalogado como la incautación terrestre más grande en los últimos cuatro años.
El epicentro de este tipo de cannabis se encuentra en el norte del departamento del Cauca, en las montañas del occidente de Colombia. En municipios como Toribío, Miranda y Corinto, conocidos como el “Triángulo Marimbero”, diferentes facciones de las disidencias de las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), cobran una tarifa a los cultivadores y controlan los principales corredores de tránsito.
En la última década, las autoridades colombianas han revelado el crecimiento y sostenibilidad de este negocio decomisando en promedio 370 toneladas al año, con picos de 534 toneladas en 2020 y 453 en 2024, según el Observatorio de Drogas de Colombia.
En cuanto a su expansión a nivel regional, el consumo de esta variedad en Brasil, donde se comercializa con el nombre de “maconha colombiana” o simplemente “Colombia”, ha desplazado otras especies de cannabis que antes dominaban el norte del país. En 2024, la Policía Militar del estado de Amazonas reportó la incautación de 28,2 toneladas de marihuana, un aumento del 36% respecto a 2023. De ese total, más de 11 toneladas correspondieron a variedades de alta potencia como la cultivada en Colombia.
“Han pasado 20 años desde que la marihuana colombiana está disponible, y 15 años desde que se volvió abundante. Ha reemplazado por completo a otras variedades en el norte. Allí ya no se fuma otra cosa: solo marihuana colombiana y productos de mejor calidad”, explicó Bruno Pantaleão de Oliveira, investigador del Centro de Economía y Política del Sector Público de la Fundação Getulio Vargas.
Autoridades chilenas también han interceptado diversos cargamentos de marihuana colombiana tipo creepy en embarcaciones marítimas y pasos terrestres fronterizos con Bolivia, consolidando al país como un punto de tránsito y recepción. En noviembre, los Carabineros reportaron un decomiso de 4 toneladas de marihuana en la región de Antofagasta, en lo que catalogaron como el mayor decomiso de droga en la historia del país.
En el Caribe, países como Trinidad y Tobago, República Dominicana y Panamá han registrado incautaciones récord durante 2025, algunas de ellas provenientes de Venezuela, país que se ha convertido en un trampolín de la marihuana colombiana debido a su proximidad geográfica y su conexión con mercados clave.
Paraguay y el apogeo del Cono Sur
Pese a su ascenso, Colombia aún no ha destronado a Paraguay como el principal proveedor de marihuana en Suramérica.
Paraguay lleva más de una década siendo el granero de la marihuana suramericana. Su combinación de extensos cultivos, gracias a sus bajos costos de producción y cercanía a importantes mercados de consumo, como Brasil y Argentina, lo mantienen como el proveedor principal de cannabis ilícito en la región.
El modelo combina pequeños agricultores, redes criminales y estructuras de corrupción local. Las plantaciones son camufladas entre otros cultivos, y los cargamentos viajan en embarcaciones, camiones cisterna o contenedores.
Sin embargo, este modelo tradicional ha mostrado señales de declive. De acuerdo con el profesor e investigador Carlos Peris, el cultivo de marihuana en Paraguay está en retroceso debido al abandono de casi un 40% de campesinos que tienen que pagar elevados sobornos y la mayor rentabilidad que ofrecen otros negocios ilícitos como el tráfico de cocaína.
En diciembre, las autoridades paraguayas registraron el mayor decomiso de marihuana en la historia del país: casi 89 toneladas de cannabis prensada incautadas en un convoy hacia Brasil. Hasta entonces, el récord databa de diciembre de 2024, cuando la Secretaría Nacional Antidrogas (SENAD) había reportado en un megaoperativo la confiscación de 57 toneladas.
Más del 90% de la marihuana se cultiva en el noreste paraguayo, en municipios como Pedro Juan Caballero, Capitán Bado y Bella Vista Norte. Desde allí, la droga cruza principalmente hacia Mato Grosso do Sul, en Brasil, donde el Primer Comando Capital (Primeiro Comando da Capital,PCC) y el Comando Rojo (Comando Vermelho, CV) controlan las cadenas de distribución hasta centros urbanos como San Pablo y Río de Janeiro.
En 2025, la Policía Federal de Brasil reportó un aumento del 45% en las incautaciones de marihuana respecto al año anterior. La droga, en su mayoría proveniente de Paraguay, suele ingresar al país a través del río Paraná y el lago Itaipú, desde donde se distribuye a distintos estados brasileños. Entre enero y septiembre de 2025, las autoridades incautaron 97.313 kilos de drogas, de los cuales 96.353 eran marihuana. En el mismo período de 2024, se habían decomisado 69.532 kilos, incluidos 67.809 de marihuana.
En Argentina, los cargamentos paraguayos cruzan el río Paraná y entran por Misiones y Corrientes, desde donde se redistribuyen a los principales centros urbanos como Buenos Aires, Rosario, y Córdoba. De acuerdo con la exministra de Seguridad Nacional, Patricia Bullrich, los decomisos de marihuana durante el primer semestre de 2025 superaron en un 35% las cifras del mismo periodo del año anterior. En noviembre, las autoridades decomisaron casi 10 toneladas en un camión que venía desde Brasil, evidenciando la magnitud del tráfico.
En Chile y Uruguay, el cannabis prensado paraguayo sigue circulando, aunque en menor medida. Mientras en Uruguay la legalización redujo drásticamente la demanda de cannabis ilegal, en Chile su uso ha sido desplazado parcialmente por la marihuana colombiana y la producción local, la cual se destaca por el ascenso de sembradíos de marihuana en el país.
Este cambio en el mercado chileno se refleja en el aumento sostenido de los cultivos ilegales de cannabis, especialmente en las regiones de Coquimbo, Maule y Valparaíso. Según la Policía de Investigaciones (PDI), en 2023 se decomisaron 679.319 plantas de marihuana, cifra que ascendió a 718.882 en 2024.
Efectos de la legalización
La legalización y regularización progresiva del cannabis en algunos países de la región como Estados Unidos, Canadá y Uruguay ha tenido un impacto directo en el mercado ilegal de América Latina.
En la última década, los decomisos de marihuana en la frontera entre Estados Unidos y México se desplomaron más de un 95 %. En 2013, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (US Customs and Border Protection – CBP) incautó alrededor de 1.100 toneladas, mientras que para 2023 esa cifra cayó a unas 28 toneladas.
La marihuana mexicana ha sido ampliamente suplantada por la producida en territorio estadounidense, reduciendo significativamente el flujo hacia el norte, según un informe de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (US Drug Enforcement Administration – DEA) de 2020.
Durante más de cinco décadas, los cultivos de cannabis, junto con los de amapola, fueron la base de una de las principales economías ilícitas rurales de México. En las décadas de 1970 y 1980, la marihuana se convirtió en el negocio principal de los grupos criminales mexicanos. Sin embargo, con la caída de la demanda en Estados Unidos debido a la legalización, el portafolio de estas organizaciones se vio obligado a diversificarse.
Muchos de estos grupos, incluyendo el Cartel de Sinaloa, se volcaron hacia la producción y tráfico de drogas sintéticas como la metanfetamina y el fentanilo, que ofrecen mayores márgenes de ganancia y no requieren el control de grandes extensiones de cultivos. Al mismo tiempo, algunos de estos actores criminales han incursionado en el naciente mercado legal del cannabis, aprovechando vacíos regulatorios y redes previas de distribución.
Sin embargo, la legalización también ha impactado en las redes de distribución, especialmente en contextos donde el comercio de cannabis sigue siendo ilegal. A comienzos de 2025, las autoridades en República Dominicana incautaron más de 800 paquetes de marihuana provenientes de Canadá y Estados Unidos.
Más hacia el sur, en Uruguay, desde que se reguló el cannabis, el país ha logrado reducir de forma sostenida el mercado ilegal. De las 250.000 personas estimadas como consumidores de marihuana en Uruguay, el 39% accede al producto de manera legal, según el Instituto de Regulación y Control de Cannabis (IRCCA). Esta transición ha permitido a los usuarios alejarse de los circuitos ilícitos, frecuentemente vinculados al crimen organizado.
El panorama en el resto de América Latina avanza a distintas velocidades. Colombia, Argentina y Chile han avanzado en marcos regulatorios parciales, centrados en el uso medicinal, mientras que países como Paraguay y Brasil siguen con posturas prohibicionistas, a pesar del creciente costo de la interdicción y de los mercados criminales. Aunque la tendencia hacia la legalización continúa ganando terreno, la falta de una legislación regional unificada limita la capacidad para desarticular los mercados ilícitos de manera efectiva.



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