NOTA DE OPINIÓN                                                                                                       LECTURA: 2.52 MIN

HABLEMOS DE RESPONSBILIDAD SOCIAL POLÍTICA

Hacia una Responsabilidad Social Política: El eslabón perdido del desarrollo

Desde hace décadas, el concepto de Responsabilidad Social Empresaria (R.S.E.) se ha instalado en la agenda pública. Si bien es justo reconocer que muchas corporaciones han modificado sus hábitos, el avance en nuestro país sigue siendo superficial. Existe una confusión persistente: se suelen equiparar los fundamentos de la R.S.E. con meros actos de cortesía, filantropía aislada o respeto ambiental. Si bien estos valores son loables, resultan insuficientes.

Por ello, prefiero hablar de Obligación Social Empresaria (O.S.E.). Esta noción propone una mirada más profunda: el empresario exitoso debe comprender que su prosperidad no es un fenómeno aislado, sino el resultado de un ecosistema que le proveyó infraestructura, capital humano y un mercado consumidor. La O.S.E. no es caridad; es el compromiso de reinvertir en el entorno humano para fomentar "emprendimientos satélites" que dinamicen la economía local, eleven el estatus social y fortalezcan el poder adquisitivo de su área de impacto.

Sin embargo, este compromiso privado choca contra un muro invisible que nos lleva a un interrogante urgente: ¿Qué sucede con la Responsabilidad Social Política (R.S.P.)?

El espejismo de la campaña y la realidad del poder

Es habitual observar a candidatos abordar a sus electores con una humildad casi franciscana. Durante la campaña, desbordan carisma, sencillez y una preocupación genuina por el prójimo. No obstante, estas virtudes suelen evaporarse en el instante en que asumen el cargo. Una vez alcanzado el triunfo, las prioridades parecen mutar: las incumbencias personales y los acuerdos corporativos adquieren un peso mayor que las necesidades de la sociedad que los invistió de poder.

La Responsabilidad Social Política es, precisamente, la deuda pendiente de nuestra democracia. Hoy, la mayoría de las leyes y medidas ejecutivas emanan de acuerdos de cúpula, ignorando el pulso real de la ciudadanía.

El caso de las PYMES: Un diagnóstico del abandono

El sector de las Pequeñas y Medianas Empresas es el ejemplo más claro de esta carencia de R.S.P. Las PYMES representamos el motor del empleo y la producción, pero nuestras demandas históricas permanecen en un limbo burocrático. Para recuperar la cultura del trabajo digno y la formación humana integral, necesitamos herramientas legales concretas, no promesas de campaña:

  • Reforma tributaria integral: Que deje de asfixiar al que produce.
  • Accesibilidad al crédito: Para fomentar la innovación y el crecimiento.
  • Protección y estímulo: Tanto del mercado interno como de las economías regionales y muy especialmente del comercio ilegal.
  • Valor agregado: Políticas que impulsen la industrialización de nuestra producción primaria.
  • Planificación y puesta en marcha de un entramado logístico: Debemos sacar nuestras producciones con eficacia, celeridad y bajo costo a dónde el mercado lo requiera.

Lamentablemente, las PYMES estamos en boca de todos, pero en la agenda de nadie. Las reuniones con funcionarios suelen derivar en "soluciones a futuro", una estrategia de dilación constante mientras la urgencia del sector y la comunidad exigen respuestas inmediatas.

Un llamado a la idoneidad y la ética pública

Argentina requiere una reforma estructural —política, judicial y social— que nos permita recuperar la identidad, el orden y el respeto a las instituciones. Pero ninguna reforma técnica será efectiva sin dirigentes que posean un alto grado de Responsabilidad Social Política.

El contexto global actual no admite más improvisación. Los puestos de decisión pública no pueden ser ocupados por "pasantes" del poder o aventureros de turno. La política debe retornar a su esencia de vocación de servicio y abandonar su estatus de "profesión de casta".

Debemos recordar una premisa básica: cada cargo público pertenece a la sociedad. Quien lo ocupa no es dueño del puesto, sino un administrador de la confianza sagrada que el pueblo le ha delegado. La R.S.P. no es opcional; es el contrato ético mínimo para cualquier nación que aspire al desarrollo.

ANTONIO FABIAN HRYNIEWICZ

fabianhry@gmail.com

 

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