UN PAÍS MUY CARO PARA VIVIR
Cuesta en dólares más caro que en Chile, Paraguay, Brasil o México, solo como para tomar algunos países latinoamericanos como referencia.
Es así que un automóvil está un setenta por ciento más caro que en Chile y un cincuenta y cinco por ciento que en México. O la leche está un 18% por sobre el precio de supermercado chileno y un 24% que el brasilero. Los productos textiles son un 120% más caros que en Chile y hasta un 180% superior a lo que se paga en Estados Unidos. Y podríamos continuar con comparaciones las que todas siempre resultan negativas para nuestros precios.
Va la última ya que vale la pena destacar: Nuestra manzana cuesta al público un promedio de 45% más que en cualquier país de los mencionados. Es curioso, porque el productor nuestro está en una grave crisis económica por lo poco retribuida que está su cosecha.
Algo similar ocurre con la banana formoseña, cuyo precio en chacra es miserable pero multiplica por veinte su valor en góndola. Los productores de esta fruta muy popular en nuestro país suelen regalar bananas a guisa de protesta.
Muchas son las causas de estas distorsiones entre el precio de producción y el final que paga el consumidor. Nuestro territorio es muy extenso y los costos en fletes son enormes ya que con el desmantelamiento de la red ferroviaria y la flota fluvial en los años 90 se destruyó la posibilidad de una logística eficiente y económica. La reactivación de ambos medios siempre fueron discursos pero en la práctica no figura en los planes de ningún político. Por lo menos con una planificación seria y factible.
La presión tributaria es otro de los factores, a lo que yo agregaría la complejidad y elevado costo de gestión de cualquier PYME para poder cumplir con toda la normativa vigente. Normativa que, por otra parte, sufre cambios y modificaciones permanentemente.
El costo financiero es inviable cuando supera un dígito de interés y nuestros bancos ofrecen como muy barato, dinero al 69% anual. Esto es para préstamos de fomento o de algún programa a tasa subsidiada. Ni hablar los costos financieros por descubiertos.
Párrafo aparte es la intrincada accesibilidad al crédito. Declaraciones juradas, Balances, Flujos de Caja, proyecciones de ventas, planes de negocios, y muchos etcétera más son requeridas para formalizar una carpeta de crédito para cualquier entidad financiera. Lógico, esto implica la contratación de servicios profesionales que no son económicos y gastos en sellados y certificaciones.
Luego tenemos la variable “VALOR DÓLAR”. En algún momento de la producción o industrialización hay un componente, insumo o materia prima de origen extranjero, por lo que la cotización de la moneda americana pasa a ser parte del costo del producto final ya que incide directamente.
A todo ello debemos agregar las tarifas en energía y servicios, uno de los más caros y deficientes del mundo tras la quita de subsidios.
Para finalizar tenemos el costo laboral. Siempre hago la aclaración que el costo laboral de ninguna manera es el sueldo que cobra el trabajador. El alto costo es la alta carga patronal y la falta de equidad entre el costo de un empleador PYME y una gran empresa. Otro factor determinante son las previsiones que debe tomar un empleador ante las potenciales demandas laborales, las que, de producirse, siempre resultará condenado y deberá abonar indemnizaciones sin relación a los realmente trabajado por el demandante, aunque la reforma de la Ley Bases y la creación del Régimen de Incentivo a la Formalización Laboral (RIFL) —con su reducción de cargas al 5% para nuevos empleos formalizados en PyMEs— trajeron algo de alivio.
Cuando digo que es imperioso recuperar la competitividad y el consumo para reactivar la producción y el empleo, realmente propongo comenzar a resolver estos factores, que no son los únicos pero sí los más importantes. Las referencias internacionales así lo indican y no se puede seguir eludiendo ni retardando en el tiempo su tratamiento.
Rogelio Julio Frigerio, hace más de cincuenta años atrás proponía al consumo y a la fuerte producción industrial como motor del desarrollo económico y social de nuestro país. Una propuesta de la que jamás debimos apartarnos.
Una nación no puede prosperar simplemente comprando cosas a los demás. Prospera cuando produce, cuando innova y cuando su propio pueblo tiene la capacidad de consumir lo que produce, según Ha-Joon Chang, economista surcoreano, especialista en economía del desarrollo.
Y para finalizar, vale un pensamiento de Manuel Belgrano, “El país que se limita a exportar materias primas y no desarrolla su propia industria, se condena a la servidumbre y a la pobreza a largo plazo”.
Siempre el precio de venta debe guardar relación con el poder adquisitivo del comprador.
ANTONIO FABIAN HRYNIEWICZ
intelicom@gmail.com / x.com/fabianhry

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