NOTA DE OPINIÓN                                                                                         LECTURA: 5.11 MIN

TECNOLOGÍA O BARBARIE

Mi apreciado amigo, el Dr. Christian Meniw, un experto en innovación tecnológica y Empresas 4.0, me explicaba durante una amena charla de café, que el trabajo intelectual vale cada vez más y las materias primas cotizan cada vez menos. Y realmente coincido con esa línea de pensamiento.

Ya mucho he escrito en esta columna sobre la tecnología y su importancia en la empresa moderna, así que no voy a ser redundante aunque vale la pena analizar qué será de la empleabilidad en el corto plazo.

¿Alcanzará con lograr un título universitario para insertarse laboralmente? ¿Es completa la formación de nuestros niños en los dos niveles iniciales escolares con los planes de estudio vigentes? Sinceramente creo que no. Es imperiosa la incorporación de materias vinculadas a la tecnología desde el primer grado en adelante.

Resulta común escuchar hablar sobre “nativos digitales” o de “migrantes tecnológicos”, lo que trae como consecuencia directa la identificación de los “analfabetos tecnológicos”. Una categorización que excluye al aspirante a algún puesto laboral, independientemente del título de grado alcanzado.

Pero también para el pequeño comerciante o emprendedor. O al productor agropecuario e inclusive al pequeño industrial. Hoy día, para cumplir con las obligaciones fiscales se debe tener un mínimo conocimiento en el manejo de una PC ya que los trámites y comunicaciones son digitales.

Para programas federales está muy avanzada la implementación del sistema TAD, (Trámites a Distancia), resultando la vía de acceso para la simple renovación o gestión de un sitio web como para el paso a programas financieros a tasas especiales o fines de fomento.

Las cifras evidencian en este aspecto algunos déficits serios: persistencia de un sector informal, heterogeneidad de la estructura productiva y posibilidades limitadas de acceso a un trabajo pleno de derechos.

El análisis de las dinámicas del mercado de trabajo en la última década revela que los desafíos identificados por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA) para el período 2010-2016 no solo han persistido, sino que se han consolidado como rasgos estructurales de la economía. Aquel diagnóstico que advertía sobre la persistencia de un sector informal, la heterogeneidad de la estructura productiva y las limitaciones en el acceso a un empleo con plenitud de derechos, se encuentra hoy agravado por una macroeconomía inestable y una brecha tecnológica creciente que amenaza la viabilidad laboral de las nuevas generaciones.

Lejos de corregirse, la heterogeneidad de la estructura productiva se ha profundizado. El mercado laboral actual se presenta dividido de forma tajante. Por un lado, subsiste un segmento dinámico e integrado a la economía global, capaz de ofrecer empleos de calidad y salarios competitivos. Por el otro, se expande un vasto sector informal y de subsistencia que hoy cobija a casi la mitad de la población económicamente activa.

Las mediciones más recientes indican que aproximadamente el 50% de los trabajadores ocupados se desempeñan en la informalidad, ya sea como asalariados sin registro, cuentapropistas no profesionales o beneficiarios de programas de empleo precario. El acceso a un trabajo pleno de derechos, que incluye aportes jubilatorios, cobertura de salud, vacaciones pagas y paritarias, se ha transformado en un privilegio al que solo accede un tercio de la fuerza laboral total.

Un fenómeno emergente y alarmante de este período es la aparición del trabajador pobre. A diferencia de la década pasada, cuando el empleo formal garantizaba la salida de la pobreza, la devaluación sostenida de los ingresos ha provocado que una porción significativa de los trabajadores registrados y una abrumadora mayoría de los informales no logren cubrir el costo de la Canasta Básica Total.

El informe original señalaba con precisión que el déficit laboral afectaba principalmente a quienes no habían culminado sus estudios secundarios. En la actualidad, esta insuficiencia actúa directamente como una barrera de exclusión casi automatizada.

Los datos sociodemográficos muestran que la tasa de terminalidad de la escuela secundaria sigue estancada; cerca de la mitad de los jóvenes que inician el ciclo no lo concluyen en el tiempo esperado. En los sectores de mayor vulnerabilidad económica, la falta de este título secundario empuja a más del 75% de los jóvenes hacia el subempleo o la inactividad. El mercado de trabajo formal ha elevado sus requisitos mínimos, lo que significa que el abandono escolar ya no solo conduce a un empleo de baja calidad, sino que clausura casi por completo la posibilidad de ingresar al circuito de la economía formal.

La advertencia original sobre la falta de formación en áreas tecnológicas cobra una relevancia crítica en la actualidad. Los procesos de digitalización acelerados y la automatización del trabajo han reconfigurado los perfiles demandados. Hoy en día, la exclusión ya no se define únicamente por la escolaridad formal, sino por la denominada "brecha digital y de habilidades".

Esta problemática presenta dos dimensiones críticas. En primer lugar, existe un déficit de infraestructura y conectividad en los hogares. Una porción mayoritaria de los niños y adolescentes que residen en barrios vulnerables carece de acceso a una computadora de escritorio o portátil en su hogar, limitando su interacción tecnológica al uso de teléfonos móviles con conectividad intermitente. Esta falta de herramientas básicas impide el desarrollo de destrezas operativas esenciales para el entorno laboral moderno.

En segundo lugar, se constata una carencia sustancial en el desarrollo de habilidades lógicas, matemáticas y tecnológicas avanzadas, así como de competencias blandas orientadas a la resolución de problemas complejos. La escuela media, particularmente en contextos socioeconómicos desfavorables, no ha logrado adaptar sus diseños curriculares para responder a las exigencias de la economía del conocimiento.

En consecuencia, la proyección original que anticipaba un alto porcentaje de la Población Económicamente Activa (PEA) transformándose en carga social describe con crudeza la realidad actual. Al no ser capaz la estructura productiva de absorber a la mano de obra de baja calificación, y la ausencia de Estado, está empujando a esa gran masa de jóvenes a incursionar en hechos ilícitos como medio de subsistencia, con el agravante de la naturalización y resignación social.

Este escenario genera un círculo vicioso de difícil resolución: la falta de inserción laboral genuina perpetúa la necesidad de subsistencia, mientras que el alejamiento prolongado del mercado formal degrada las pocas capacidades laborales de los individuos, reduciendo aún más sus posibilidades futuras de empleabilidad.

De este modo, el riesgo advertido años atrás se ha materializado en una masa crítica de jóvenes y adultos estructuralmente excluidos del sistema productivo, cuya subsistencia depende de la asistencia estatal, consolidando una fractura social y económica que condiciona el desarrollo del país, más aún, con la quita de dichos beneficios.

Situación que obviamente profundizará el grave déficit fiscal que tiene nuestro país y  lógicamente hará que nuestra esperanza de lograr bajar la presión tributaria resulte una mera utopía.

Por supuesto que no es objeto de esta nota considerar además, las graves consecuencias sociales y de seguridad que implicará de no corregirse este déficit educativo.

Justo es destacar la buena labor que está llevando adelante la Provincia de Formosa, especialmente en el Polo Científico y Tecnológico y el Instituto Politécnico de Formosa  que desde hace algunos años viene fortaleciendo el desarrollo de las TICs aplicando iniciativas innovadoras que incentivan la participación plena del alumnado. Un ejemplo a ser imitado por otras áreas de la educación y, reitero, en todos los niveles.

El éxito del sistema educativo finlandés reside en motivar la curiosidad y voluntad investigativa a sus alumnos desde sus grados iniciales y descartando la imposición de conocimientos estructurados. De esta manera, se ha logrado un alto grado de capacidad de raciocinio incorporando a la entidad educativa en la vida de cada alumno como una cuestión actitudinal y no como una mera obligación.

Tengamos siempre presente que el futuro se transforma en pasado muy velozmente tornando en irreversibles los cambios no obrados. Y sin dudas, el dilema es TECNOLOGÍA O BARBARIE.

ANTONIO FABIAN HRYNIEWICZ

Intelicom2020@gmail.com / x.com/fabianhry

 

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