NOTA DE OPINIÓN LECTURA: 2.12
LA VOCACIÓN DE HACER PATRIA
“Para salir de las dificultades, el camino está lleno de dificultades”, decía Mahoma. Y de ello, los argentinos sabemos bastante. Siempre vemos y debatimos lo formal, lo estético, la apariencia, y jamás vamos a las cuestiones de fondo.
Digo esto porque me tocó participar de una reunión social que, si bien estaba programada, no dejó de ser inesperada. Cena mediante, compartimos una muy grata velada dirigentes de veintidós provincias.
Lo verdaderamente inesperado fue que el eje central no giró en torno a debates gremiales o políticos, sino que sacó a flote el cariz humano de los cincuenta comensales. Cada uno de los presentes representaba a una provincia y a una entidad; por eso, a la hora de los postres, el anfitrión nos invitó a presentarnos y a decir algunas palabras alusivas.
Grande fue mi sorpresa cuando todos, sin excepción, hablaron de unidad, de lazos fraternales y de aceptar al colega sin considerar su envergadura patrimonial, origen ni pensamiento partidario. El común denominador era claro: la defensa de las empresas y de las fuentes de trabajo.
En ese momento caí en la cuenta de que CAME, CAC y S, FASA, FEBA, CAPYMEF, UIA, entre otras, son solo siglas. El verdadero contenido y sentido se lo dan los seres humanos que integran cada una de las entidades que nos identifican.
Esto también me llevó a preguntarme qué hacíamos todos allí. O, más aún, por qué asumimos ese compromiso de reunirnos cada semana, ya no para encuentros sociales, sino para debates específicos, padeciendo viajes de muchos centenares de kilómetros, dejando de lado ocupaciones, trabajo y, fundamentalmente, restándole tiempo a nuestras respectivas familias.
Para esta actividad no hay honorarios ni retribuciones compensatorias. A cada uno lo motiva, genuinamente, su vocación de servicio; su intención de aportar un granito de arena para contribuir a encontrar la salida a los tantos problemas de nuestro país.
La velada me recordó a la gesta libertadora sanmartiniana. Repentinamente vino a mi mente cómo nuestro gran prócer logró liberar a buena parte de América sin recursos, sin soldados profesionales, sin equipos especiales y transitando por un terreno difícil y desconocido. Eso sí, contaba con un pertrecho de armas secretas muy poderosas: un equipo de trabajo, voluntad de lucha, objetivos claros y, particularmente, mucha confianza en sus hombres.
Bajo esta conclusión, ¿cómo no vamos a lograr nosotros nuestro cometido de consolidar una Nación próspera, unida, respetuosa de las diferencias y con un alto sentido de justicia social?
Se trata, simplemente, de brindar amistad al otro, aunque sea o piense diferente; de confiar en resolver en común las dificultades y escollos que encontremos en el camino, trabajando en equipo, compartiendo esfuerzos y recursos. ¿Cómo no vamos a poder? Cuando dudemos o flaqueemos en nuestro afán, recordemos a San Martín, a sus tropas y a los pasos cordilleranos.
Sentenció José Ingenieros que “Hacer patria es preferir el esfuerzo a la queja, la creación al comentario y el porvenir al pasado”.
Los objetivos no tienen un futuro cierto por sí mismos. El futuro mora en el hombre que cumple con el objetivo. En esta línea de pensamiento, volví a reflexionar sobre qué hacíamos todos los presentes que, desde hace años, asumimos esta responsabilidad dirigencial.
La respuesta surgió simple, clara y contundente: estamos haciendo PATRIA.
ANTONIO FABIAN HRYNIEWICZ

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