NOTA DE OPINIÓN
¿Por qué no podemos?
Desde siempre sentí cierta fascinación por la obra de cuatro genios: dos del Renacimiento, Nicolás Copérnico y el gran maestro Leonardo da Vinci además de Galileo Galilei y Francis Bacon, de la época de transición hacia la Revolución Científica. Aunque me reconozco como poco memorizador de fechas y nombres, me gusta la historia y me grabo los acontecimientos que transformaron a Occidente.
Y estos notables fueron autores de pensamientos, métodos, teorías, inventos y arte que cambiaron profundamente a la humanidad, siendo vigentes hasta hoy.
A Galileo se le atribuye decir que la duda es la madre de la invención. Bacon pensaba que el requisito del éxito es la prontitud de las decisiones. En cambio Copérnico razonaba un pensamiento de Confucio, que saber que sabemos lo que sabemos y saber que no sabemos lo que no sabemos, ese es el verdadero conocimiento. Por último, da Vinci gustaba decir que los hombres geniales empiezan grandes obras, los hombres trabajadores las terminan.
Cuatro hombres, cuatro genios que pensaron teorías y lograron descubrimientos, desarrollaron hipótesis, crearon inventos y obras artísticas en una época donde no existían computadoras ni celulares. Había poca literatura y limitaciones extremas en todo sentido. Con un riguroso sistema político y religioso contrarios a las innovaciones.
Sin embargo, en silencio, pacientemente, cambiaron el rumbo de la humanidad. Pero, ¿cómo hicieron? La respuesta es que, simplemente lo hicieron. Hicieron lo que debían hacer sin esgrimir justificativos de por qué no. No se ampararon en la ignorancia de los políticos y de las Cortes ni de los religiosos, mucho menos de las crueles reprimendas de la Inquisición para justificar que no hacían lo que querían hacer. Lo que sentían que debían hacer, lo materializaban.
Audaces, temerarios, porfiados y convencidos de su gran aporte al proceso evolutivo de la ciencia y el arte. Sabedores que sus descubrimientos, sus inventos y su arte cambiarían la realidad social, haciendo al ser humano más libre. Y Da Vinci también pensaba que hay tres clases de personas: aquellas que ven, aquellas que ven lo que se les muestra y aquellas que no ven. Es decir, el entendimiento no es sencillo.
Ahora bien, ¿y qué pasa hoy en día?, pues no pasa nada. Tenemos tecnologías que concentran el conocimiento de la humanidad y lo dan a conocer con un simple click. Disponibilidad de impresionantes archivos de todo lo que se nos ocurra. Profesionales y especialistas en todos los rubros. Estamos hípercomunicados. Aun así, no podemos resolver los graves temas que asolan a la humanidad de nuestra amada casa común.
En nuestro país, inmensamente extenso, tremendamente rico y con grandes notables profesionales en lo suyo, todavía no logramos acertar al rumbo que nos lleve a todos a buen puerto.
Hace unos años, tuve la oportunidad de escuchar una exquisita exposición de Ilan Sztulman, embajador de Israel en nuestro país y contó brevemente la historia del desarrollo de su Nación.
Un pequeño país enclavado en el medio del desierto que de productor de naranjas, en menos de cincuenta años logró ser reconocido globalmente como centro de innovación mundial y uno de los principales exportadores de tecnología. En la década del 80 el ingreso per cápita era alrededor de 6.389 dólares y hoy supera los 60.000, varias veces más que nuestro país.
La Tasa inflacionaria de Israel en 1975 era del 39.31% y la del 2025 es del 3%. Mientras que en la Argentina fue del 444% en 1976 y la del 2025 orilla el 33.8% (INDEC). Pero, ¿cómo hicieron?
Aunque parezca increíble, me comentó un argentino radicado hace muchos años en ese pequeño país que, según su experiencia, allí existe una fuerte cultura de hacer lo que se debe y de procurar no gastar más de lo que se gana. Pero si es tan así, ¿por qué no lo ponemos en práctica aquí?
Tal vez falte vocación política, no tengamos suficiente cultura del trabajo, no pensemos en el bien común. O no pasemos por situaciones extremas de permanente estado de guerra ni necesidades. Quizás sea un combo de todo ello.
Lo definitivo es que, pese a la gran riqueza natural que poseemos, con grandes profesionales y notables especialistas en distintas áreas y recursos tecnológicos en desarrollo, nos cuesta salir adelante, porque siempre resulta más fácil en decir que no se puede que explicar razones del cómo lo podemos lograr.
Por ello, apelo a un interesante pensamiento de Galileo: Donde los sentidos nos fallan, la razón debe intervenir.
ANTONIO FABIAN HRYNIEWICZ

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