LA HISTORIA SIN FIN
Releyendo ciertos libros sobre nuestra historia, se me ocurrió refrescar determinados dichos de nuestros hacedores de la patria en algún discurso y ordenarlos por año en que se dijeron y luego, hacer una reflexión final:
Diego de Zavaleta, (1810): Sé, y gimo con vosotros sobre los grandes obstáculos que se oponen al dulce imperio de la paz: pero también sé que las dificultades no destruyen la obligación; y que una ley, por ser difícil, no deja de serlo.
Pedro Ignacio de Castro Barros, (1815): La madre patria como organizada de la sociedad natural y civil de los hombres, suministra a sus hijos cuatro principales bienes, a saber, la seguridad de sus individuos, la propiedad de sus bienes, su libertad e igualdad a la faz de la ley.
Manuel Antonio Castro, (1826): No puede hacerse la felicidad del país sino bajo la forma de gobierno de unidad.
Ignacio Martínez, (1832): Es muy peligroso poner la suerte del país en la voluntad de un hombre solo.
Bartolomé Mitre, (1854): Hay, señores, una Nación preexistente, y esa Nación es nuestra patria, la patria de los argentinos.
Domingo Faustino Sarmiento, (1868): Nos queda por aprender la parte más difícil de la política práctica, que es cómo se regeneran los pueblos por la virtud cívica, por la perseverancia en los propósitos, por el acrecentamiento de la instrucción y de la riqueza…. cómo se fundan los gobiernos libres dando al pueblo lo que es del pueblo, y al poder lo que es del poder tratándose con recíproca benevolencia y espíritu justiciero.
Luis María Drago, (1902): El capitalista que suministra su dinero a un Estado extranjero, tiene siempre en cuenta cuáles son los recursos del país en que va a actuar y la mayor o menor probabilidad de que los compromisos contraídos se cumplan sin tropiezos.
Hipólito Yrigoyen, (1909): Sólo los mentecatos o los malvados pueden ignorar o hacerse los desentendidos para comprender hasta dónde hayan penetrado las raíces de la depravación de esta progresiva “crisis del progreso”.
MANIFIESTO DE LOS CUARENTA Y CUATRO, (1930): Que a la crisis institucional se ha agregado una grave crisis económica, producida por la desvalorización de nuestro signo monetario, la falta de una obra positiva de gobierno y la desconfianza general que provoca la desorbitación manifiesta de los actos del Poder Ejecutivo.
Roberto María Ortiz, (1941): Fue, pues, uno de los propósitos de mi gobierno terminar con esa lamentable división de los argentinos en vencedores y vencidos, en perseguidores y perseguidos. Procuraba, con ello, que renaciera en el alma nacional una aurora de nueva fe y optimismo patriótico.
Juan Domingo Perón, (1946): Sostengo el principio de libertad económica. Pero esta libertad, como todas las libertades, llega a generar el más feroz egoísmo si en su ejercicio no se articula la libertad de cada uno con la libertad de los demás.
Arturo Frondizi, (1958): El principal obstáculo al avance del país, es su estrecha dependencia de la importación de combustible y acero. … esa dependencia de la importación ha deformado nuestra economía.
Raúl Alfonsín, (1983): Vamos a luchar por un Estado independiente. Hemos dicho que esto significa que el Estado no puede subordinarse a poderes extranjeros, no puede subordinarse a los grupos financieros internacionales, pero tampoco puede subordinarse a los privilegiados locales.
Carlos Menem, (1989): El gobierno del pueblo no puede ser propiedad de sus dirigentes. Porque la corrupción administrativa es un acto verdaderamente criminal.
Fernando de la Rúa, (1999): La transparencia, la honestidad, la austeridad, la lucha permanente contra cualquier forma de corrupción, la convicción profunda de servir a la gente y no a sí mismo, o a grupos privilegiados a la sombra del poder, serán un presupuesto insoslayable de mi gestión.
Eduardo Duhalde, (2002): Mi compromiso, a partir de hoy, es terminar con un modelo agotado que ha sumido en la desesperación a la enorme mayoría de nuestro pueblo, para sentar las bases de un nuevo modelo capaz de recuperar la producción, el trabajo de los argentinos, su mercado interno y promover una más justa distribución de la riqueza.
Néstor Kirchner, (2003): Nos planteamos construir prácticas colectivas de cooperación que superen los discursos individuales de oposición.
Cristina Fernández de Kirchner, (2007): El honor más grande que puede tener un argentino o una argentina, ser elegida por sus compatriotas para representarlos.
Mauricio Macri, (2015): Tenemos que ser optimistas respecto de nuestra esperanza y de nuestro futuro.
Alberto Fernández, (2019): Siempre perseveramos en la institucionalidad y toda crisis que se nos presentó, supimos sobrellevarla preservando el funcionamiento de la República.
Javier Milei, (2023): Hoy comienza una nueva era en la Argentina, una era de paz y prosperidad, una era de libertad y progreso.
Y luego llegaron otras promesas: terminar con la corrupción, recuperar la producción, reconstruir las instituciones, superar los enfrentamientos, recuperar la confianza, volver al crecimiento, preservar la República y comenzar una nueva era de libertad y progreso.
Cambian los nombres. Cambian los partidos. Cambian las circunstancias. Cambian las palabras. Pero los problemas, curiosamente, parecen empeñarse en permanecer.
Increíble ¿no? Han transcurrido 216 años y seguimos hablando de exactamente lo mismo. Incapaces de resolver nuestros verdaderos problemas vemos en los demás la culpa y no pensamos en otra cosa que en la inmediatez. Debatimos segmentadamente sin objetivos comunes.
Quizás el verdadero problema argentino no sea la falta de ideas. Nuestra historia está llena de ellas. Tampoco parece faltar la capacidad para identificar aquello que está mal. Desde los primeros años de la patria hasta los actuales días, nuestros dirigentes han sabido describir con notable precisión buena parte de las dificultades que nos aquejan.
Lo que parece habernos faltado, una y otra vez, es algo mucho más sencillo y mucho más difícil: la capacidad de transformar las palabras en conductas y las promesas en políticas de Estado sostenidas en el tiempo. Porque una Nación no se construye solamente con buenos discursos...!
Se construye respetando la ley cuando cumplirla resulta difícil; defendiendo las instituciones cuando no favorecen al propio sector; aceptando al adversario sin convertirlo en enemigo; protegiendo la libertad sin olvidar la responsabilidad; entendiendo que la propiedad necesita seguridad, que el trabajo necesita producción y que la producción necesita reglas previsibles.
Hace más de doscientos años nuestros hombres públicos ya hablaban de muchas de estas cosas.
Tal vez la pregunta que deberíamos hacernos hoy no sea qué dijeron nuestros dirigentes, sino algo bastante más incómodo:
¿Por qué, después de más de dos siglos, seguimos teniendo que repetirlas?
¿Cuántos años más deberán pasar para que nos demos cuenta de que todos somos la patria? Que todos somos la Argentina.
ANTONIO FABIAN HRYNIEWICZ

Mantener viva la flor, que ilustra esta opinión, sobre nuestra patria exige un compromiso colectivo que se traduzca el cuidado —el riego y el abono— en conductas democráticas reales. Si permitimos que la apatía, el egoísmo de la desunión le arranquen sus pétalos, el resultado inevitable será el empobrecimiento institucional y social del pueblo.
ResponderEliminar