By ZENTRIX
EL MODELO SE SOSTIENE, PERO LA PACIENCIA TIENE UN LÍMITE
Un informe de opinión pública de la consultora ZENTRIX revela que una parte importante de la sociedad mantiene su respaldo al rumbo económico, aunque crece la preocupación por el poder adquisitivo y la falta de resultados concretos. Hay números que, más allá de las interpretaciones políticas que puedan hacerse, merecen ser analizados con detenimiento.
El Monitor de Opinión Pública correspondiente a agosto de 2026 muestra un escenario particular: una parte importante de la sociedad todavía sostiene el rumbo económico, pero al mismo tiempo comienza a aparecer con fuerza una palabra que debería encender algunas luces de alerta: paciencia.
El estudio señala que el 38,7% de los consultados quiere que continúe el mismo modelo económico de cara a 2027. En el segmento de clase alta, ese respaldo asciende al 60,7%. Hasta aquí, podría interpretarse como una señal de respaldo al Gobierno y a su programa económico.
Pero hay otro dato que cambia sustancialmente la lectura: el 53,2% afirma que ya se le terminó la paciencia para esperar resultados económicos, mientras que solamente el 22,9% manifiesta estar viendo esos resultados en la actualidad.
Y aquí aparece, quizás, una de las principales conclusiones del relevamiento: no necesariamente existe un rechazo al rumbo elegido. Existe, fundamentalmente, una demanda de resultados.
La sociedad puede estar dispuesta a aceptar determinadas dificultades durante un proceso de transformación económica, pero esa tolerancia no es infinita. En algún momento, las expectativas necesitan encontrarse con la realidad cotidiana.
Uno de los aspectos más preocupantes del informe aparece cuando se analiza el poder adquisitivo. La diferencia entre los distintos sectores sociales resulta contundente. En el estrato bajo, el 87,6% de las personas consultadas manifiesta haberse quedado sin ingresos al día 20 del mes y ninguno llega a fin de mes ahorrando.
En el estrato alto, en cambio, solamente el 7,3% llega a esa situación y el 39,4% consigue ahorrar. La conclusión que plantea el propio estudio es significativa: el momento del mes en que se termina la capacidad de gasto está mucho más relacionado con la posición socioeconómica que con la edad. Es decir, no estaríamos frente a un problema exclusivamente generacional. Estamos frente a un problema estructural.
Y esto debería ser tenido especialmente en cuenta porque detrás de cada porcentaje hay familias que deben decidir qué pagar, qué postergar y, muchas veces, qué dejar de comprar.
Otro dato merece una reflexión especial: el endeudamiento. No todas las deudas tienen el mismo significado. En los sectores de menores ingresos, el 65,7% de quienes tomaron algún crédito o contrajeron una deuda lo hizo para cubrir necesidades básicas como alimentos y salud.
En el sector alto, en cambio, solamente el 27,2% atribuyó su endeudamiento a gastos básicos, mientras que el 29,6% lo vinculó con la adquisición de bienes durables. Para algunos, el crédito permite comprar pero para otros, permite llegar a fin de mes.
Y cuando una familia necesita endeudarse para comprar alimentos, pagar medicamentos o afrontar servicios esenciales, estamos ante una situación que excede largamente una discusión de estadísticas económicas. Estamos hablando de calidad de vida.
Otro de los datos relevantes aparece al analizar la relación entre salarios e inflación. El 81,2% de los encuestados considera que su salario no le está ganando a la inflación. La diferencia entre oficialistas y opositores es significativa: esa percepción alcanza al 61,2% entre quienes se identifican con el oficialismo y llega al 95,2% entre los opositores.
La realidad económica puede ser interpretada de manera diferente según las convicciones políticas de cada persona, pero hay un elemento que atraviesa prácticamente a todos: el poder adquisitivo. Cuando el salario pierde capacidad de compra, la discusión deja de ser exclusivamente política y pasa a convertirse en una experiencia cotidiana.
El supermercado, la farmacia, la factura de luz, el alquiler o el transporte terminan siendo los verdaderos medidores de la economía familiar.
Resulta llamativo el cambio en las principales preocupaciones de la sociedad. Según el relevamiento, todas las preocupaciones que aparecen en agosto tienen carácter económico. Los ingresos y salarios ocupan el primer lugar, seguidos por la incertidumbre económica y el desempleo.
La corrupción, que hasta el mes anterior encabezaba el ranking, pasa al cuarto lugar. Es la primera vez en varios meses que deja de ocupar el primer puesto. Cuando la preocupación por llegar a fin de mes aumenta, otras cuestiones, aun siendo importantes, comienzan a quedar relegadas.
En materia política, el informe muestra una sociedad claramente atravesada por la condición socioeconómica. La imagen positiva de Javier Milei alcanza el 59,4% en el estrato alto, pero baja al 22,4% en el estrato bajo.
Con Axel Kicillof sucede prácticamente lo contrario: obtiene una imagen positiva del 24,7% en el estrato alto y llega al 48,9% en el bajo.
Los números permiten observar que la situación económica y la identificación política aparecen estrechamente relacionadas. Una buena imagen no significa necesariamente intención de voto y una mala imagen tampoco implica automáticamente una derrota electoral. De hecho, el propio informe advierte que la oposición mantiene una buena imagen, aunque eso todavía no se traduce necesariamente en votos.
Quizás el mensaje más importante del estudio no esté en un porcentaje aislado, sino en la combinación de varios de ellos: una parte importante de la sociedad quiere que el modelo continúe pero más de la mitad manifiesta que se le terminó la paciencia. La conclusión parece sencilla, aunque políticamente puede resultar compleja: la sociedad puede estar dispuesta a esperar, pero necesita comenzar a sentir que el esfuerzo tiene sentido.
Porque una cosa es comprender que una transformación económica necesita tiempo y otra muy diferente es no percibir mejoras en la vida cotidiana.
El desafío del Gobierno hacia 2027 no parece ser solamente mantener el rumbo. También deberá demostrar que ese rumbo puede traducirse en mejores condiciones concretas para una parte cada vez mayor de la población. Los modelos económicos, en definitiva, no se sostienen únicamente con indicadores macroeconómicos. Se sostienen cuando la gente puede vivir mejor.
Cuando el ciudadano comienza a sentir que el futuro está demasiado lejos, la paciencia, por más grande que haya sido, empieza a convertirse en una cuenta regresiva.
Ficha técnica: el estudio fue realizado por Zentrix Consultora sobre 1.466 casos, con cobertura nacional, mediante encuesta autoadministrada online, entre el 25 y el 31 de agosto de 2026. La muestra fue ponderada por región, edad y sexo. El propio informe aclara que, al tratarse de una muestra no probabilística, sus resultados deben interpretarse únicamente en el plano nacional.

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