¿ESTÁ JUBILADA LA CLASE TRABAJADORA Y TODAVÍA NO LO SABE?
By Liliana R. Mira | Publicado originalmente en LinkedIn · 7 de septiembre de 2026
Durante años discutimos si la Inteligencia Artificial iba a reemplazar puestos de trabajo.
Tal vez estuvimos haciendo la pregunta equivocada.
Porque el reemplazo no necesariamente comienza cuando una persona pierde su empleo.
Puede comenzar mucho antes: cuando una parte creciente de las tareas que justificaban su intervención empieza a ser realizada por una IA.
Y lo ocurrido esta semana vuelve esa pregunta mucho más concreta.
De responder a hacer
El 3 de septiembre, OpenAI presentó GPT-6 Astra, un modelo orientado, entre otras capacidades, al uso de computadoras, investigación, programación y realización de trabajos profesionales complejos de múltiples pasos. Según OpenAI, puede trabajar con herramientas digitales para realizar tareas como actualizar registros en un CRM, completar formularios, investigar en Internet, trabajar con documentos, analizar datos, crear sitios y producir documentos, planillas y presentaciones.
Su disponibilidad comenzó de manera limitada y se está desplegando progresivamente.
El dato tecnológico es importante.
Pero para mí hay otro dato todavía más importante: está cambiando el lugar que ocupa la persona dentro del proceso de trabajo.
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Persona → piensa → decide → ejecuta | IA → asiste |
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Persona → establece el objetivo | IA → analiza → utiliza herramientas → ejecuta una secuencia de tareas | Persona → supervisa, corrige y decide |
Escribe un borrador. Resume. Traduce. Sugiere. Busca. Genera una imagen.
No significa que el humano haya desaparecido.
Significa que su posición está cambiando.
¿Seguimos teniendo el mismo trabajo?
Pensemos por un momento en nuestro propio día laboral.
Buscar información. Redactar un correo. Preparar una presentación. Analizar un documento. Actualizar una base. Responder consultas. Programar. Comparar alternativas. Elaborar un informe. Organizar una agenda.
· ¿Cuántas de esas tareas hacíamos personalmente hace tres años?
· ¿Y cuántas hacemos hoy con IA?
· ¿Cuántas directamente dejamos de hacer porque ahora las delegamos?
Ahí aparece el fenómeno que me interesa.
Una persona puede conservar su cargo, su escritorio, su responsabilidad y hasta su salario mientras una parte de aquello que constituía su trabajo empieza a cambiar de manos.
Lo llamaría “jubilación silenciosa de tareas”
No estoy hablando de jubilación laboral.
Tampoco estoy diciendo que los trabajadores hayan dejado de ser necesarios.
Utilizo deliberadamente la expresión “jubilación silenciosa de tareas” para describir otra cosa:
El puesto continúa existiendo y la persona continúa trabajando, pero determinadas tareas que antes requerían su intervención comienzan progresivamente a ser delegadas a sistemas de IA.
Y esto puede ocurrir sin despidos.
Sin anuncios.
Sin que cambie el nombre del puesto.
Incluso puede ocurrir mientras aumenta la productividad.
Por eso mirar solamente las estadísticas de empleos eliminados podría mostrarnos una parte del fenómeno, pero no necesariamente toda la transformación que está ocurriendo dentro de cada empleo.
El porcentaje invisible de nuestro trabajo
Quizás deberíamos empezar a hacer un ejercicio mucho más sencillo.
Tomar nuestro puesto y dividirlo en tareas.
Y preguntarnos frente a cada una:
· ¿La hago yo?
· ¿La hago con IA?
· ¿La superviso mientras la IA la hace?
· ¿Ya podría realizarla la IA prácticamente sin mí?
· ¿No debería delegarla aunque técnicamente pudiera hacerlo?
El resultado podría ser bastante más revelador que preguntarnos simplemente si nuestro empleo “está amenazado”.
Porque podríamos descubrir que tenemos el mismo puesto, pero ya no tenemos exactamente el mismo trabajo.
Entonces, ¿qué queda del humano?
Acá aparece una discusión que considero mucho más interesante que enfrentar “humanos contra máquinas”.
Si determinadas tareas pueden automatizarse, la pregunta debería ser: ¿qué capacidades humanas adquieren todavía más valor?
· Criterio.
· Contexto.
· Pensamiento crítico.
· Creatividad.
· Empatía.
· Responsabilidad.
· Comprensión de consecuencias.
· Capacidad de formular buenas preguntas.
· Supervisión.
· Decisión.
· Saber cuándo NO delegar.
Porque existe una diferencia enorme entre delegar una ejecución y delegar una responsabilidad.
Que una IA pueda realizar una tarea no significa necesariamente que deba realizarla autónomamente.
Y tampoco significa que desaparezca la responsabilidad humana u organizacional sobre el resultado.
Hay otro riesgo: dejar de saber hacer
La automatización también abre una pregunta menos visible.
¿Qué ocurre cuando durante meses o años dejamos de realizar una tarea porque la hace la IA?
¿Conservamos nuestra capacidad para reconocer cuándo está equivocada?
¿Podemos intervenir si deja de funcionar?
¿Sabemos reconstruir el proceso?
¿O nos convertimos progresivamente en supervisores de algo que ya no sabemos ejecutar?
Astra vuelve particularmente interesante esta cuestión porque OpenAI lo presenta precisamente como un sistema capaz de combinar razonamiento, uso de computadoras y herramientas para llevar trabajos complejos desde una solicitud inicial hasta un resultado terminado.
La propia compañía incorpora mecanismos adicionales de supervisión y detención ante determinados comportamientos durante el trabajo de sus agentes, lo que también recuerda algo fundamental: mayor autonomía tecnológica exige pensar seriamente en supervisión, control y responsabilidad.
Las organizaciones también deberían medirlo
Las empresas están midiendo adopción de IA.
Cuántos empleados la utilizan. Qué herramientas compraron. Cuántas licencias tienen. Cuánto tiempo ahorran.
¿Cuánto del trabajo de nuestra organización ya está siendo realizado por IA?
No solamente por persona. Por tarea. Por proceso. Por decisión. Por nivel de autonomía.
· ¿Qué conocimiento humano necesitamos conservar?
· ¿Qué tareas requieren obligatoriamente supervisión?
· ¿Qué decisiones no deberían automatizarse?
· ¿Quién responde cuando algo sale mal?
· ¿Tenemos capacidad de continuar trabajando si esa IA deja de estar disponible?
· ¿Estamos preparando a las personas para el trabajo que permanece o simplemente enseñándoles a utilizar la herramienta que está absorbiendo parte del trabajo anterior?
Ahí creo que está uno de los grandes desafíos de los próximos años.
Tal vez la clase trabajadora no esté jubilada. Pero algunas de sus tareas sí empiezan a estarlo.
Por eso el título es deliberadamente provocador.
No creo que estemos asistiendo simplemente a una desaparición masiva e instantánea del trabajo.
Estamos viendo algo posiblemente más complejo: una redistribución progresiva del trabajo entre personas y sistemas artificiales.
· Algunas tareas desaparecerán.
· Otras serán automatizadas.
· Otras serán compartidas.
· Aparecerán tareas nuevas.
Y habrá capacidades humanas cuyo valor posiblemente aumente precisamente porque las máquinas pueden hacerse cargo de mucho de lo demás.
El desafío no debería ser competir con una IA para demostrar que podemos hacer lo mismo que ella.
Debería ser comprender qué conviene delegar, qué debemos supervisar, qué necesitamos conservar y dónde sigue estando nuestro verdadero valor.
Porque después de Astra, y probablemente de los sistemas que vendrán después, hay una pregunta que trabajadores, profesionales, empresarios y organizaciones deberían comenzar a hacerse.
La pregunta ya no es:
“¿La IA puede hacer mi trabajo?”
La pregunta empieza a ser:
“¿Cuánto de mi trabajo necesita todavía que lo haga yo?”
Fuentes
Lanzamiento y documentación oficial de GPT-6 Astra, OpenAI, 3 de septiembre de 2026.
Artículo original publicado en LinkedIn el 7 de septiembre de 2026.
Liliana R. Mira
Auditora Líder ISO 42001 · Sistema de Gestión de IA
lm@lilianamira.com

Fabián, muy interesante el concepto de “jubilación silenciosa de tareas”. Creo que abre además otra cuestión: cuando la IA deja de asistir y empieza a ejecutar, cambia también la arquitectura de responsabilidad de la organización.
ResponderEliminarMedir qué tareas absorbe la IA es útil, pero en procesos relevantes agregaría tres preguntas: qué autonomía se le otorgó, qué capacidad real conserva la persona para supervisar e intervenir y quién responde por el resultado.
Y el riesgo que señalás de “dejar de saber hacer” es central: la supervisión humana pierde eficacia si quien debe controlar ya no comprende suficientemente aquello que supervisa.
Particularmente en LatAm, donde la adopción muchas veces avanza más rápido que las capacidades de gobierno, este punto puede volverse especialmente crítico.
¿Estamos rediseñando los controles al mismo ritmo que delegamos las tareas?